martes, 31 de julio de 2012

Doménico Scarlatti: sonata en re menor



El mismo año que JS Bach y GF Haendel vinieron al mundo, en 1685, nació en Nápoles el compositor italiano Doménico Scarlatti, hijo del compositor de óperas Antonio Scarlatti, y el más destacado de diez hermanos, todos ellos músicos. Como era de esperarse, fue su padre quien guió sus primeros pasos en la música y para el año 1701, aún adolescente, va a ser nombrado organista de la capilla virreinal, en Nápoles.

Ya de adulto, mientras se desempeñaba como maestro de la Capilla Julia, en El Vaticano, realiza trabajos esporádicos para la embajada portuguesa, oficio que no me queda claro pero supongo relacionado con "eventos" que realizaba la embajada, y que requerían la participación de músicos. Una entrada extra.
Como resultado de estos "pololitos" (a Chilean word), Doménico y el embajador portugués forjaron una estrecha unión que condujo a Scarlatti a instalarse en Lisboa, como maestro de capilla de la catedral, en la corte de Juan V de Portugal. A ello debía sumar su función como profesor de clave de los hijos de Juan, entre ellos, la encantadora María Bárbara de Braganza, de tiernos ocho años, que va a mostrar notable talento para la música y destacar en su madurez como mecenas de las artes.

Doménico Scarlatti (1685 - 1757)
Diez años más tarde, a sus dieciocho años, María va a contraer el sagrado vínculo con el príncipe de Asturias, quien se convertirá posteriormente en Fernando VI, y con ello, María Bárbara va a devenir en reina consorte de España.
Los estrechos lazos forjados entre María y Doménico impidieron que la futura reina abandonara a su profesor de clave y por ello se lo llevó a España, primero a Sevilla y más tarde a Madrid, luego que su esposo fuera coronado. Durante largos años, Doménico Scarlatti seguirá siendo el maestro de clave de la reina María Bárbara.


En nuestros días, Doménico Scarlatti es principalmente recordado por sus sonatas breves escritas para clave, destinadas a la recreación de la familia real. Alrededor de 550 sonatas, de un solo movimiento, también llamados "ejercicios", escribió Doménico a lo largo de su vida. Predomina en buena parte de ellas un estilo italiano, aunque también se reconocen aires portugueses y otros de talante español.

La brevedad de esas composiciones obliga a que solo sean ejecutadas como "encores" o bis, por los músicos de nuestro tiempo. La pianista Martha Argerich nos ofrece esta posibilidad al abordar la sonata en re menor, K. 141, al término de un concierto, en 2008, en Turín. Dos de las principales innovaciones de Scarlatti en el teclado son claramente reconocibles aquí: rápidas repeticiones de notas y cruce de manos.
(La obra de Scarlatti fue compilada por el clavecinista americano Ralph Kirkpatrick, de ahí la letra K en el catálogo).


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miércoles, 25 de julio de 2012

Beethoven: Sonata Opus 31 N° 1 (III)


Palacio Lobkowitz, propiedad del príncipe Franz Joseph Lobkowitz,
uno de los más ricos mecenas de la nobleza, en la Viena de 1800

La sonata N° 16 de Ludwig van Beethoven fue compuesta durante los años 1801-1802. El maestro está ligeramente sordo pero se codea con la nobleza y financieramente está hecho unas pascuas. Varios de sus amigos nobles se han comprometido a entregarle una renta económica anual, lo que durará unos buenos años, hasta que uno de ellos, el príncipe Lobkowitz, caiga en quiebra de puro buena gente que era, y otro, caiga también, pero de su caballo, con consecuencias fatales.

Los movimientos de la sonata son:
-Allegro vivace
-Adagio grazioso
-Rondó. Allegretto - presto

El tercer movimiento, ágil y alegre, se parece al primero en su jovialidad. Y al igual que en el Allegro, el maestro Ludwig intentará engañarnos, hacia el final, cuando después de un grupo de briosos acordes de resuelta síncopa, dispuestos a aplaudir, Beethoven nos dirá no, todavía faltan unos delicados acordes, piano.
El movimiento dura 6:15. El resto son aplausos. Al piano, Daniel Barenboim.



domingo, 22 de julio de 2012

Beethoven: sonata opus 31 N° 1 (II)


Gioachino Rossini (1792 - 1868), caricatura

Además de la sordera, insinuada alrededor de 1796 y que en 1801 ya comenzaba a torturarlo impidiéndole avistar otro camino que no fuera el que lo transformaría en un ser hosco y solitario, el maestro Beethoven debía lidiar con la ópera italiana y su realce de la belleza de la línea melódica vocal, el famoso bel canto. Si bien la única vez que se encontraron el maestro de Bonn le manifestó a Rossini su admiración augurándole larga vida a Il Barbiere, lo cierto es que Ludwig no podía sino ver en la ópera italiana anterior a la de los grandes maestros una competencia caprichosa, pues esa música, apta para todo público, en la Viena de comienzos de siglo hacía furor, abriendo paso a que más tarde los jóvenes Rossini, Donizetti y Bellini se convirtieran en los músicos más populares de la época, mucho más que Beethoven.

No es de extrañar entonces que algunos estudiosos, entre ellos grandes músicos como el magnífico pianista húngaro Andras Schiff vean en el segundo movimiento de la sonata opus 31 N° 1, Andante grazioso, una suerte de parodia del bel canto italiano... El maestro Ludwig habría querido hacer mofa sutil de las ornamentaciones, a veces un tanto excesivas, de la ópera italiana belcantista. Es cierto que el Andante está repleto de ornamentaciones y cadenzas que algunos consideran no beethovenianas –de ahí la idea de la parodia–, y además es uno de los movimientos lentos más largos escritos por Beethoven, como si éste hubiese querido solazarse con la travesura. Pero también puede pensarse, y con intuición tan poderosa como la señalada en contrario, que Beethoven no hizo otra cosa que llevar el bel canto al piano, intentando acercar su música a un grado de encantamiento de la audiencia de la que van a sacar provecho los maestros italianos a partir de la segunda década del 1800. Por qué no él, podría haberse preguntado.

Con excepción de un par de momentos que los entendidos califican, ahora sí, propios de Beethoven, el andante, de cerca de doce minutos de duración, hace uso de "trinos" de principio a fin. Esta ornamentación, consistente en tocar dos notas adyacentes alternada y rápidamente, captura casi por completo el movimiento, y está encomendada a ambas manos, en alternancia. En mi opinión, este movimiento constituye la pieza precisa para la práctica de este adorno justamente porque la obra está en las antípodas de un ejercicio soso y aburrido como podría serlo su práctica en cualquier parte del teclado y con los dedos que a uno se le antoje.

A pesar de sus reparos al exceso de ornamentación –y confeso de que su alegato podría parecer a otros una barbaridad– Schiff no desconoce que la pieza contiene momentos definitivamente hermosos. A mí me parece hermosísima de pies a cabeza, y agradezco a Beethoven que haya decidido transformar el movimiento lento de una sonata para piano, en una imitación, con sorna o sin ella, del bel canto italiano.
La versión es de Daniel Barenboim. Berlín, ciclo de las 32 sonatas.


Tercer movimiento: Rondó. Allegreto - Presto

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sábado, 21 de julio de 2012

Beethoven: Sonata opus 31 N° 1 (I)


Ludwig van Beethoven, a principios del 1800

Es común leer artículos sobre Beethoven en que se señala que el maestro tenía especial predilección por agrupar sus sonatas en grupos de tres. Así, el opus 2 contiene tres sonatas, al igual que el opus 10 o el opus 31 (hay más de un blog que ha dicho lo mismo). Pero la cruda verdad parece tener relación con exigencias de sus editores, las que obedecían a una cuestión práctica: a comienzos del siglo XIX era más fácil vender sonatas al por mayor que al menudeo. Y claro, si Beethoven pudo vanagloriarse, en carta a su amigo y doctor Wegeler, que no tenía problemas con sus editores ("yo pongo mis condiciones y ellos me pagan"), es plausible que los estudiosos del tema consideraran el agrupamiento de sonatas en lotes de a tres como un hábito inocente, no una exigencia mercantil.

Así pues, según la tradición, o imposición, las sonatas del opus 31 son, como era de esperarse, tres. Fueron compuestas entre 1801 y 1802, en Viena, donde el maestro está establecido desde 1793. Ludwig tiene 32 años, no se ha casado (nunca lo hará), es una celebridad en la capital del imperio de los Habsburgo y tiene prácticamente resueltos casi todos sus problemas económicos. Lo único que lo está aquejando, y seriamente, es la sordera, y así se lo manifiesta a su amigo, el doctor Wegeler:
"...en los últimos años mi sentido del oído se ha debilitado progresivamente y se me dice que la causa primordial de esto son mis intestinos..."
La carta es la misma que señala la relación que mantenía con los editores, y está fechada el 29 de junio de 1801. En esas condiciones es que trabaja en las sonatas del opus 31.

Sonata opus 31 N° 1 - Primer movimiento: Allegro
Antes del opus 31, Beethoven ya ha compuesto quince sonatas para piano, de modo que la primera sonata del opus 31 corresponde a su sonata número 16. Está estructurada en tres movimientos: allegro vivace, adagio grazioso y rondó - allegreto, presto.
El allegro comienza muy animadamente, y puede parecer hasta cómico pues la estrecha síncopa de que hace uso el maestro Ludwig obliga al intérprete a mostrarse como quien está intentando tocar dos acordes simultáneamente pero no lo consigue. El movimiento es luminoso, ágil y elegante. Al final, Beethoven juega con la audiencia al hacernos creer, con dos bravos acordes, que el movimiento ha terminado, pero no es así, todavía resta por escuchar un par de acordes, piano, delicados.
La versión es del maestro Daniel Barenboim, en Berlín, ciclo de las 32 sonatas.



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sábado, 14 de julio de 2012

Una limosna por el amor de Dios


Jacques-Louis David, Belisario pidiendo limosna

No obstante haber sido el más grande guitarrista-compositor de la primera mitad del siglo pasado, después de acaecida su muerte en 1944, Agustín Barrios-Mangoré y su música pasaron prácticamente al olvido y durante al menos dos décadas el compositor y su obra fueron ignorados, tal vez opacada su empresa por la omnipresencia de dos grandes facilitadores del repertorio para guitarra clásica de la época: Andrés Segovia en España con sus transcripciones desde la vihuela renacentista y el laúd barroco, y Villa-Lobos en Brasil, con su novedosas composiciones de raíces étnicas.

Todo esto sucedía no obstante la extendida opinión académica que señalaba la innegable superioridad en emotividad, virtuosismo y factura técnica que supone la obra de Barrios en comparación con los aportes de los otros dos grandes maestros contemporáneos ya nombrados –entendido Villa-Lobos en su aportación a la guitarra.
En los años 70, grandes guitarristas como John Williams o David Russell comenzaron a incorporarlo a su repertorio, dándolo a conocer por segunda vez al mundo, si cabe la expresión.

El célebre trémolo conocido por sus numerosos nombres (El último trémolo, El último canto, etc.), entre ellos el no exento de sentimentalismo de Una limosna por amor de Dios, fue compuesto al final de su vida y con toda probabilidad es su última obra escrita. En esta pieza, tan bella como breve, Barrios da muestras de su acabada maestría en la técnica del trémolo, la melodía encargada a la voz soprano mientras un motivo rítmico en ostinato a cargo de la voz media no descansa durante toda la pieza (de ahí su nombre, ostinato).
La versión, impecable, es del guitarrista escocés ya señalado, David Russell.



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domingo, 8 de julio de 2012

Chopin: Scherzo N° 3



De padre y señor mío fue la hemorragia nasal que sufrió Chopin en su viaje de regreso desde Mallorca. En compañía de George Sand y sus dos hijos, volvían de unas frustradas vacaciones comenzadas en noviembre de 1838, programadas para escapar del invierno francés pero que apenas duraron tres meses pues el clima, muy favorable al comienzo ("el cielo es turquesa, el mar azul, las montañas de esmeralda y el aire paradisíaco") cambió radicalmente en enero provocando un serio deterioro en la frágil salud de Frédérick.

El regreso
En una modesta embarcación que llevaba también como pasajeros –en calidad de carga, naturalmente– una piara de cerdos que gruñían día y noche, emprendieron el regreso hasta Barcelona en febrero de 1839. Chopin sigue sangrando por las narices, y la Sand está al borde de la desesperación. Ocho días después de su arribo a la ciudad, George avista un barco de guerra francés en el puerto y decide hablar con el capitán consiguiendo que el médico de a bordo vea a Frédérick y de paso los trasladen a todos hasta Marsella. Luego de 36 horas de estoico balanceo, los cuatro pasajeros arriban al puerto francés el 25 de febrero de 1839, la hemorragia detenida gracias al solícito doctor, "y a los cuidados infinitos de mi ángel", según anota Chopin –entendemos que en alusión a George.

"Marsella es fea" relata Chopin. "Toda la chusma literaria persigue a Georges y la chusma musical me sigue a mí. Es una ciudad vieja aunque no antigua, y nos aburre un poco". Por su parte, la Sand no parece muy contenta en "esta ciudad de comerciantes y tenderos...":
"Nos mudamos de una a otra posada. Aparte del mistral tenemos un tiempo bastante bueno. Chopin no debe respirar aire frío. En los días de mistral nos rodeamos de biombos y trabajamos cada cual en lo suyo... Nuestra existencia es de una inocencia y una sencillez primitivas..."
 El 22 de mayo emprenden el regreso, mas no a París sino a Nohant donde está emplazada la acogedora casa de verano de la Sand. ¡Por fin en casa! exclama Chopin, con cierta desenvoltura.

Scherzo N° 3 op 39 en do sostenido menor
Chopin ya había logrado desvincular al preludio de la fuga. No tardará en separar el scherzo de la sinfonía y la sonata, particularmente el de su modelo más cercano, el beethoveniano, un scherzo lúdico o gracioso, presente al menos en las sinfonías anteriores a la quinta, y cuyo propósito era separar el allegro del adagio o éste del final de la pieza. Chopin va a construir con su métrica cuatro piezas de carácter autónomo, de naturaleza ternaria, es decir, primer tema, segundo tema y vuelta al primer tema, o estructura A-B-A. El ritmo es de 3/4 y su velocidad, presto.

El Scherzo N° 3 fue compuesto o finalizado en 1839, con seguridad en Mallorca, y publicado en 1840. De tormentoso inicio, engarza luego con un canto al que acompañan arpegios descendentes; finalmente una coda vehemente conducirá a la conclusión, de gran brillantez pianística.
La versión es de la pianista rusa Yulianna Avdeeva, galardonada en 2010 con el I Premio del Concurso Internacional Chopin, de Varsovia.


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viernes, 6 de julio de 2012

Bizet: "Habanera", de Carmen



Para solventar los gastos de sus innumerables guerras y sus fastuosos palacios, Luis XIV aumentó los impuestos a los campesinos a mediados de la segunda mitad del siglo XVII. Parecerá perverso pero era el único modo de aliviar las finanzas del Estado pues la nobleza y el clero no pagaban impuestos. Pero no por ello vamos a tildar al rey sol de monarca infame. Amante de las artes, bajo su reinado se creó en 1663 el Premio de Roma, que distinguía  a jóvenes artistas con una estadía de cuatro años en la Academia de Francia, en Roma, pasantía a cargo del rey o, mejor dicho, a cargo de los siervos franceses.

Siglo y medio después, en 1803, Napoleón Bonaparte amplió el universo de beneficiarios para incluir en ellos a los músicos. El músico francés Georges Bizet, alumno destacado del Conservatorio de París, adonde había ingresado a los diez años no sin problemas pues no alcanzaba la edad para ser admitido, pero donde arrasaba año a año con los premios, postuló en 1857 al gran Prix de Rome, ganándolo en segunda votación. El premio comportó en su caso una beca de cinco años (lo habitual eran 4) con la única exigencia de presentar cada año una obra original a la Academia de Bellas Artes de París.

Georges, hijo de madre pianista, fue a su turno, un pianista excepcional, pero su vocación musical se orientó al drama. No fue una buena elección pues hubo de acostumbrarse a recibir críticas poco alentadoras. El año que murió su madre, regresó definitivamente a París haciendo entrega a la Academia de una ópera cómica, su último compromiso con el Premio de Roma. A partir de ese momento comenzó la lucha por sobrevivir en el mundo musical francés. Compone operetas que después destruye, da clases y publica pequeñas piezas para piano y canciones, también transcribe al piano óperas célebres.

Georges Bizet (1838 - 1875)
Después de componer en 1872 otra obra mal recibida por el público, se decidió a poner en escena la ópera Carmen, más por superar la depresión que por otra cosa. La obra databa de 1845 pero nunca había sido estrenada por temor a que sus temas de traición y asesinato pudieran irritar a la audiencia. La heroína, para colmo de males, era una licenciosa seductora y no una mujer virtuosa. Como era de esperar, su estreno en marzo de 1875 fue un fracaso. Sin embargo, siete meses después se presentó en Viena con gran éxito de público y crítica. Pero Bizet ya había muerto, en junio de ese año, poco antes de cumplir 37 años. Carmen es considerada hoy una obra de categoría universal, pero Georges nunca llegó a saberlo.

Pese a todo lo dicho, Georges Bizet transformó definitivamente el género de la opera comique francesa (algo ligera y con diálogos hablados) y aceleró el culto por el realismo ayudando a forjar la tradición operística post romántica italiana que posteriormente se conocerá como verismo (Leoncavallo, Puccini).

Carmen es una ópera en cuatro actos, basada en la novela homónima de Prosper Mérimée. Ambientada en Sevilla, es protagonizada por Carmen, una bella gitana de armas tomar ("si no me quieres te quiero, si me quieres, ten cuidado" son palabras de la Habanera) que seduce a un soldado inexperto en cosas del corazón quien por amor a ella rechaza a su anterior amada. Pero Carmen escogerá más adelante a otro varón como objeto de su amor, un torero. Presa de los celos, el soldado va a matar a la Carmencita.
En el acto I, Carmen nos participa su filosofía del amor cantando la famosa Habanera, a la salida de la fábrica de tabaco, justo al lado del cuartel de soldados.
En versión de concierto, "Habanera" de Carmen, con la mezzo soprano de origen letón, Elina Garança.


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domingo, 1 de julio de 2012

JS Bach: Partita en do menor



Si bien al comienzo de su estadía en la corte de Köthen las relaciones de Bach con su patrón el príncipe Leopold fueron particularmente buenas, pues éste era a su vez un músico dotado de talento que tenía en gran estima a Bach, las relaciones entraron en franco deterioro después de que el príncipe se casó con una prima, la princesa Friederica, dama que no mostró nunca el menor interés por la música y, en general, por cualquier forma de cultura. Su funesta influencia sobre Leopold, príncipe pero sumiso esposo, terminó por alejarlo de los conciertos que se celebraban en la corte y por ende, de sus propios músicos, incluido su kapellmeister, Juan Sebastián Bach.

Kantor en la Thomaskirche
Por eso, al quedar vacante en Leipzig el puesto de kantor en la iglesia de Santo Tomás por fallecimiento de su titular, Juan Sebastián no lo pensó dos veces y postuló al cargo aun cuando la posición comportaba también responsabilidades en la escuela para niños que albergaba la iglesia, la Thomasschule. La postulación fue harto compleja (Bach competía con otros músicos) pero finalmente el Consejo Municipal de la ciudad dio su voto a Bach por la unanimidad de los veintisiete consejeros presentes.
Entre las condiciones impuestas por el Consejo, aparte de las relativas a la enseñanza de los alumnos de la escuela, y su obligación de componer y dirigir la música en otra iglesia importante de Leipzig, estaba el compromiso del maestro por "disponer, para mantener el buen orden en la iglesia, que la música que se interprete no dure demasiado tiempo y, además, procurar que no sea de carácter teatral, sino que incite a los oyentes a la devoción."

Después de varias formalidades, entre las que se cuenta un examen de teología, Bach tomó el puesto de kantor de la iglesia de Santo Tomás el 15 de mayo de 1723. Comenzaba así el periodo más glorioso de la vida de Bach y de su actividad como compositor, una etapa venturosa en compañía de su segunda mujer, Anna Magdalena, y de su numerosa prole. Permanecerá en Leipzig hasta su muerte, en 1750.

Partita N° 2 en do menor
El grupo de piezas conocidas como Partitas de Bach son un conjunto de seis suites para clave, publicadas separadamente entre 1726 y 1730 y finalmente reunidas por Bach en un volumen titulado Clavierübung I (Ejercicios para clave) en 1731. Las partitas, tal como las suites francesas e inglesas y las oberturas, están conformadas por varias piezas que siguen un orden y reciben un nombre establecido por la tradición musical de su tiempo. En el caso de la partita N° 2 en do menor, son sus partes: sinfonia, allemande, courante, sarabande, rondeau, capriccio. Se presentan aquí las dos últimas, el rondó y capriccio, en admirable versión de la extraordinaria pianista argentina Martha Argerich, de cuya performance un crítico de jazz señaló una vez que lo hace "con mucho swing", lo que no pongo en duda. [Agregado el 14.3.13. La cuenta del videísta se canceló por las razones acostumbradas. Busqué a la Martha por cielo y tierra hasta que encontré este pequeño trozo, con el capriccio. Mis excusas, por la brevedad, pero Marthita lo vale.]



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