martes, 8 de enero de 2013

Chopin: Concierto para piano N° 2



Chopin, un enamorado tímido
En octubre de 1829, un año antes de abandonar Varsovia camino a Viena por segunda vez, Frédéric Chopin escribió a su entrañable amigo Tytus una larga carta. En parte de ella, se lee:
"Puede que para mi desdicha haya encontrado mi ideal, a quien sirvo fielmente desde hace seis meses, sin hablarle de mis sentimientos. Sueño con ella, y bajo su inspiración ha nacido el adagio de mi Concierto en fa menor..."
El ideal a que Frédéric hace referencia el objeto de su amor, si pudiera decirse respondía al bello nombre de Constanza Gladkowska, una agraciada chiquilina que deseaba convertirse en soprano, y que, tal como Frédéric, restaba horas al descanso para cumplir con las altas exigencias del Conservatorio de Varsovia.

En innumerables ocasiones se toparon en los pasillos y cruzaron miradas con interés de adolescentes, pero el joven Chopin, a punto de terminar sus estudios, o no tenía tiempo, o no andaba de ánimo, o simplemente no se atrevía a abordarla. Aunque los pretextos para hacerlo no faltaban, pues debían asistir juntos a algunas clases y en más de una oportunidad, Frédérick tocó ante su presencia o, incluso, debió acompañarla al piano. Pero, hasta donde sabemos, la ocasión de una conversación a solas no llegó jamás a producirse.

Nuestro amado Chopin teme declarar su amor y sufre por ello. Ya a los diecinueve años ha tomado la decisión de cultivar ese estado de alma para mantener a raya al amor y de ese modo convertirlo en música, en este caso concreto, en el adagio de su primer concierto para piano. Pero más de algunas palabras habrán debido cruzar, pues de otro modo no se explica que Constanza, poco antes de que Chopin abandone Varsovia, haya anotado, si bien como uno más, suponemos, de los que estampan una despedida en el álbum de Frédéric, un par de versos, de los que transcribimos aquí la última estrofa.

"Para que la corona de laurel no se marchite nunca,
dejas a tus amigos queridos, a tu familia amada.
¡Los extraños podrán apreciarte mejor, recompensarte,
pero desde luego no podrán quererte más que nosotros!"

Chopin, enamorado del amor, no siente otro impulso que anotar, al pie de los versos: "Sí podrán".



Concierto N°2 en fa menor: Maestoso - Larghetto (14:56) - Allegro vivace (24:12)
André Previn y la Orquesta Sinfónica de Londres, 1975. Al piano, Arthur Rubinstein, de 89 años.

El concierto en fa menor de Frédéric Chopin lleva el número dos pero fue el primero que compuso, a los 19 años. (Pocos meses después verá la luz el segundo, en mi menor, y que lleva el N° 1.) De estructura clásica en tres movimientos, su estreno se realizó el 17 de marzo de 1830. Chopin alquiló para ello el Teatro Nacional de Varsovia y tres días antes del estreno sintió cómo lo inundaba la alegría al enterarse de que todas las localidades estaban vendidas. La acogida fue calurosa, de público y de crítica, a tal punto que cinco días más tarde se vio obligado a ofrecer un segundo concierto, con la sala abarrotada nuevamente. El segundo movimiento, larghetto, por segunda vez, produjo gran efecto. Pero a Chopin no se le han ido los humos a la cabeza. Escribe a un amigo:
"En todas partes me hablan del adagio ... aunque no improvisé como deseaba... Me piden que haga grabar mi retrato y lo difunda entre el público. Me opongo, porque sería demasiado... ¡y además no tengo ganas de servir para envolver manteca! ..."

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3 comentarios :

  1. Pucha Dago ¿Y los otros tiempos? Rubinstein, el apasionado y suelto, se luce en los allegros también.

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    1. Es que sólo quería contar la historia de la Constanza, inspiradora del Larguetto. Ya vendrá otra oportunidad. Además, sale muy largo.

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  2. Le hice caso a Anónimo, y ya está el concierto completo.

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