martes, 21 de mayo de 2013

Funerales de Chopin - Preludio N° 4



Según dejó escrito un testigo presencial, Frédéric Chopin murió sin padecimientos, entre las tres y cuatro de la mañana del 17 de octubre de 1849. Al tercer día del deceso, luego de que el escultor Clésinger tomara vaciados de su rostro y de la mano izquierda, se procedió a la autopsia extrayéndole el corazón que más tarde será colocado en una columna de la iglesia de la Santa Cruz, en Varsovia, cumpliendo así con el deseo expreso del compositor, formulado a su hermana Luisa.

El cuerpo del "gran artista Chopin" como lo designó la revista Débats en un artículo publicado a raíz de su deceso será embalsamado y luego vestido y vuelto a tender en su lecho. Rodeado de flores, será expuesto a la contemplación de sus amigos, admiradores y curiosos, que desfilarán durante días por la casa de la Place Vendôme, última residencia en vida del maestro polaco.

Funerales
No se realizarán sino hasta el 30 de octubre. La ceremonia fúnebre comenzó a las once de la mañana, y al mediodía, el féretro fue transportado en alto por la nave lateral y colocado en un elevado catafalco, a los sones de su propia marcha fúnebre y en presencia de las tres mil personas que copaban la iglesia de la Madeleine. Luego, la orquesta y el coro de la Sociedad de Conciertos del Conservatorio entonaron el Réquiem de Mozart, que no se escuchaba en París desde el retorno de las cenizas de Napoleón, en 1840.

Antes de comenzar el trayecto hacia el cementerio de Pére Lachaise, el organista de la Madeleine despidió el cuerpo de Frédéric tocando algunos de sus preludios, entre ellos una "quejumbrosa, galvanizada de sobresaltos, casi desesperada melodía". Se trata del Preludio N° 4 en mi menor, parte integral de los 24 Preludios del opus 28, terminados en Mallorca diez años antes, y que aquí presentamos en versión del pianista argentino Sergio Tiempo.

Ante la tumba no hubo discursos. Simplemente se dejó caer sobre el féretro el puñado de tierra polaca que Frédéric había recibido de sus amigos al salir de Polonia, y que conservó hasta entonces en una copa de plata.



.......................................................................................................................
Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes en Facebook, o Twitter, o lo recomiendas en Google

4 comentarios :

  1. ¡pucha el cabro pa perfecto! ¿De dónde salio! El preludio nro. 4, quizás la obra más perfect aunque corta que se haya escrito en la historia de la música, doloroso, austero, brillante, desafiante para los pianistas que se dice son sólo acrobáticos. Podría escucharlo miles de veces y no hartarme jamás. Pensar que si Chopin hubiese muerto a los 50 la de obras que nos perdimos! Cuando el dolor de no volver a estar más con el Tito González escuchar el preludio me reconforta puesto que de alguna forma la paz de Chopin está con él, acogiéndolo entre ángeles cantores con su piano etéro flotante entre nubes. Thanks Dagoe

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, Anónimo: quizás qué obras nos perdimos, y no sólo de Chopin sino de tantos otros compositores que murieron jovencísimos (Schubert, Mendelssohn, por nombrar algunos). Gracias por dejar tu comentario aquí.

      Eliminar
  2. Amo la música de Chopin. Sin lugar a dudas Federico debe de estar gozando de la gloria del Paraíso. Es sublime!!!!

    ResponderEliminar
  3. Anónimo II: A mí me pasa algo parecido. No creo que haya otro compositor del que me guste TODO lo que escribió. Y gracias por dejar aquí tus impresiones.

    ResponderEliminar

Deja aquí tus impresiones, por sencillas que sean. Tu opinión nos interesa a todos.