jueves, 31 de octubre de 2013

Chopin: Vals opus 64 N° 2



Dos años antes de su muerte, Chopin está en París, solo. Pero París está que arde.
Falta sólo un año para que el "rey burgués" Luis Felipe huya a Inglaterra luego del levantamiento popular que sobrevendrá en febrero de 1848. Pero ya en junio de 1847, a raíz del alza del precio del pan, en una ciudad alsaciana se han producido serios enfrentamientos de obreros, campesinos y pequeña burguesía contra la tropa, que son fuertemente reprimidos con un saldo de varios muertos. Entre el 31 de agosto y el 7 de septiembre le toca el turno a París: una semana de barricadas y enfrentamientos en la rue Saint-Honoré señala el pronto fin de la "monarquía de julio", instalada en 1830.

A pocas cuadras, Chopin, que poco tiene de revolucionario y vive sólo para su música, intenta trabajar en su residencia en el número 9 de la Place d'Orléans. Este verano no hay escapada a Nohant pues hace un mes ha recibido la última carta de George Sand, quien desde su finca de descanso le escribe despidiéndose de él para siempre con estas palabras:
"Adiós, amigo mío, curaos pronto de todas las dolencias y agradeceré a Dios por este extraño desenlace de nueve años de amistad exclusiva. Hacedme llegar alguna vez vuestras noticias."
Así, fríamente, se han acabado los veranos libres de preocupaciones financieras y las tardes apacibles componiendo en la campiña. Por ello, debe doblar el número de lecciones, conseguir más pupilos. Pero tose mucho y tiene accesos de fiebre, así que todo se dificulta un poco más. Pese a todo, tiene fuerzas para terminar tres sencillos valses que conformarán el opus 64.

Ese convulsionado verano parisiense, Chopin se refugia por momentos en casa de algunos amigos y, en oposición a la realidad histórica que lo rodea, compondrá un vals elegante y aristocrático, a la vez que perfecto: el hoy popular vals en do sostenido menor, que será dedicado a la señora Rothschild, en cuya casa escapó a la soledad por algunos días.

Vals opus 64 N° 2
Una suerte de estribillo (0:43) acompaña al tema principal que, repetidos cuatro veces, son hendidos por un interludio como tercer tema, más calmo y lírico, en 1:13. La pieza concluye de manera limpia con el estribillo, sin la menor estridencia, como si aquél se desvaneciera.
La versión, impecable, es de la extraordinaria pianista china de veinticinco años, Yuja Wang.


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2 comentarios :

  1. Es cierto es un vals elegante diríamos para los salones burgueses de aquella época.
    Parece por momentos como si las notas se deslizaran unas tras otras con un perfecto equilibrio y sin estridencias pero sí con elegancia y gerarquia.
    En fin es un deleite escucharlo y el que lo pueda ejecutar en el piano se sentirá feliz

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  2. Hola, Germán: Nunca mejor dicho. perfecto equilibrio, sin estridencias, elegancia y jerarquía. Y sí, da gusto tocarlo. Muchas gracias, Germán, por tu colaboración. Un saludo.

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