lunes, 28 de enero de 2013

Dvorak: Danzas eslavas - N° 1, opus 46



La música de carácter nacional prendió a mediados del siglo XIX después de que las ideas de Rousseau y otros pensadores lograran despertar en los países europeos un movimiento de renovación intelectual de acentuado nacionalismo. En el caso de checos y eslovacos, la conciencia de identidad nacional plasmó fuertemente en ellos al estallar la sublevación de Praga de 1848 contra el imperio de los Habsburgo, que luego fue aplastada al igual que la mayoría de las acontecidas ese mismo año en no pocas capitales europeas.

Por ese entonces, el niño Antonin Dvorak tenía siete años y, como es natural, aún residía en la localidad rural que lo había visto nacer, a pocos kilómetros de Praga. Cinco años más tarde, su padre, comerciante de oficio, lo enviará a una ciudad cercana a aprender alemán, habida cuenta de que los afanes nacionalistas no habían llegado a buen puerto. Dos años se pasó Antonin intentándolo sin éxito. Finalmente regresó sin haber aprendido nada, sin embargo, su tutor en el idioma resultó ser también un maestro de música, quien luego de apreciar su sorprendente desempeño en la orquesta de bailes que dirigía lo animó a estudiar música en serio.

Antonin Dvorak (1841 - 1904)
Superado el rechazo original de su padre, Antonin marchó a Praga en el otoño de 1857 para matricularse en la Escuela de Organo de la ciudad, donde tuvo que superar no pocas dificultades debido, precisamente, a su escaso manejo del idioma alemán. Pese a todo, al acabar sus estudios, el director de la escuela se vio obligado a reconocer, al entregarle su diploma, el "excelente talento" que mostraba quien iba a convertirse en uno de los más destacados representantes de la escuela nacionalista checa.

El año 1878 encuentra a Dvorak como un compositor consagrado, alentado por músicos de la talla de Leos Janacek y Brahms. Este último lo presentó a su propio editor, quien luego de publicar sus exitosos Duetos moravos, sugirió a Antonin componer unas danzas de similar estilo. El resultado fueron las Danzas Eslavas, opus 46, a las que seguirán años más tarde las del opus 72. Ambos trabajos forman un ciclo de dieciséis danzas, entre las que predominan melodías a base de bailes populares checos y eslavos, de nombres vernáculos, de los que apenas reconocemos las polkas y mazurcas.
Se presenta aquí la Danza N° 1 del opus 46, una furiant, en versión de la Filarmónica de Viena, dirigida por el maestro japonés Zeiji Ozawa, poco antes de quedarse calvo.


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jueves, 24 de enero de 2013

Verdi, La Traviata: "Addio del passato"



El Teatro La Fenice, en Venecia, fue el escenario que acogió el estreno de la ópera en tres actos La Traviata, de Giuseppe Verdi, el 6 de marzo de 1853. El estreno resultó un completo fracaso, debido principalmente a que la cantante que encarnó a Violeta, la tísica protagonista, estaba bastante excedida de peso, lo que provocó las burlas del público. En el último acto, hubo hasta carcajadas, pues luego que el doctor anuncia que a Violeta le quedan pocas horas de vida, ésta, rozagante, siguió cantando como si nada.

Antes del estreno, y enterado de que la diva, además, contaba con 38 años, Giuseppe por esos años toda una celebridad en Italia había comisionado a su libretista, Francesco Piave, para que notificara al director del Teatro que el papel de Violeta exigía imperiosamente "una cantante de elegante figura y que cante apasionadamente". La gestión, por desgracia, resultó infructuosa. De ahí al fracaso había un solo paso. Afortunadamente, al año siguiente, con otra diva en el papel protagónico, la ópera recibió el espaldarazo que merecía, de público y crítica.

El aria Addio del passato pertenece, precisamente, al tercer acto. Violeta está sola en su habitación, junto a su lecho de enferma y lee una carta que le ha hecho llegar el padre de su amado Alfredo, anunciándole la visita de este último, desenmarañados ya los entuertos de la obra. Pero... como Violeta exclama, "e' tardi". El aria finaliza con una plegaria que a Dios pide piedad, dramático momento en que Violeta se refiere a sí misma como "la traviata", la descarriada, expresión que terminó por darle título a la ópera.

La versión es de la Opera de Los Angeles, año 2006, con Renée Fleming en el papel de Violeta. El aria propiamente tal comienza en el minuto 1:40; antes, Violeta lee la carta mientras la orquesta cita el dueto de Violeta y Alfredo del primer acto, Croce e delizia. Hemos escogido la versión de la bella Renée pues es la única de las sopranos en ejercicio que ataca la última nota del aria con un hilo de voz, que en la opinión de este humilde narrador, es lo correcto.


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miércoles, 16 de enero de 2013

Johann Strauss: Polka "Tritsch Tratsch"



Johann Strauss padre, cuyo nombre recordamos por ser el autor de la Marcha Radetzki, advirtió a sus numerosos hijos, cuando éstos eran pequeñitos, que la dedicación a la música era una actividad muy riesgosa e inestable, pese a que por esos años Strauss padre era toda una celebridad en Viena, posición que había alcanzado gracias al intenso trabajo realizado con la orquesta que él mismo había formado.

Pero el hijo mayor no hizo caso de la advertencia paterna. Johann Strauss junior (1825 - 1899), apenas un adolescente ya era un competente violinista, mostrando, además, gran habilidad para dirigir orquestas. Tanto así, que a los 19 años tenía la suya propia, que competía con la orquesta de su progenitor por ganarse el favor del público vienés. También había comenzado a componer, aunque en sus primeras presentaciones buena parte de su repertorio lo debía a su padre.

Luego que éste murió en 1849, Johann no se demoró nada en unir a las dos orquestas rivales y con la nueva agrupación pronto se vio convertido en paladín indiscutido en los salones de baile vieneses, lo que repetirá más tarde en las restantes capitales europeas. Como también sumaba a su talento musical grandes habilidades empresariales y una facilidad impresionante para establecer contactos a los más altos niveles, su fama no demoró en llegar a Rusia. En 1856 le fue solicitado ofrecer un ciclo de conciertos en San Petersburgo, invitado por un grupo de empresarios de la naciente burguesía rusa, interesada en participar de los fastos de que veía gozar a la aristocracia. El tour fue un exitazo y muy bien remunerado. El lucrativo contacto duró cerca de diez años, período durante el cual Johann Strauss hijo amasó una considerable fortuna.

Polka "Tritsch Tratsch"
Fue compuesta al poco tiempo de regresar de Rusia. Muy celebrada en su tiempo, aún hoy es número fijo todos los años en el concierto de Año Nuevo en Viena. El origen de su extraño nombre todavía divide a los estudiosos.
El primer video muestra a la Filarmónica de Viena bajo la dirección de Zubin Mehta, en una presentación al aire libre, en la Heldenplatz. Muy alegre, y agilísima, la pieza dura poco menos de tres minutos. El resto son aplausos.




Existe una versión cantada. Se presenta aquí con los Niños Cantores de Viena, con ocasión del Concierto de Año Nuevo 2012.


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martes, 8 de enero de 2013

Chopin: Concierto para piano N° 2



Chopin, un enamorado tímido
En octubre de 1829, un año antes de abandonar Varsovia camino a Viena por segunda vez, Frédéric Chopin escribió a su entrañable amigo Tytus una larga carta. En parte de ella, se lee:
"Puede que para mi desdicha haya encontrado mi ideal, a quien sirvo fielmente desde hace seis meses, sin hablarle de mis sentimientos. Sueño con ella, y bajo su inspiración ha nacido el adagio de mi Concierto en fa menor..."
El ideal a que Frédéric hace referencia el objeto de su amor, si pudiera decirse respondía al bello nombre de Constanza Gladkowska, una agraciada chiquilina que deseaba convertirse en soprano, y que, tal como Frédéric, restaba horas al descanso para cumplir con las altas exigencias del Conservatorio de Varsovia.

En innumerables ocasiones se toparon en los pasillos y cruzaron miradas con interés de adolescentes, pero el joven Chopin, a punto de terminar sus estudios, o no tenía tiempo, o no andaba de ánimo, o simplemente no se atrevía a abordarla. Aunque los pretextos para hacerlo no faltaban, pues debían asistir juntos a algunas clases y en más de una oportunidad, Frédérick tocó ante su presencia o, incluso, debió acompañarla al piano. Pero, hasta donde sabemos, la ocasión de una conversación a solas no llegó jamás a producirse.

Nuestro amado Chopin teme declarar su amor y sufre por ello. Ya a los diecinueve años ha tomado la decisión de cultivar ese estado de alma para mantener a raya al amor y de ese modo convertirlo en música, en este caso concreto, en el adagio de su primer concierto para piano. Pero más de algunas palabras habrán debido cruzar, pues de otro modo no se explica que Constanza, poco antes de que Chopin abandone Varsovia, haya anotado, si bien como uno más, suponemos, de los que estampan una despedida en el álbum de Frédéric, un par de versos, de los que transcribimos aquí la última estrofa.

"Para que la corona de laurel no se marchite nunca,
dejas a tus amigos queridos, a tu familia amada.
¡Los extraños podrán apreciarte mejor, recompensarte,
pero desde luego no podrán quererte más que nosotros!"

Chopin, enamorado del amor, no siente otro impulso que anotar, al pie de los versos: "Sí podrán".



Concierto N°2 en fa menor: Maestoso - Larghetto (14:56) - Allegro vivace (24:12)
André Previn y la Orquesta Sinfónica de Londres, 1975. Al piano, Arthur Rubinstein, de 89 años.

El concierto en fa menor de Frédéric Chopin lleva el número dos pero fue el primero que compuso, a los 19 años. (Pocos meses después verá la luz el segundo, en mi menor, y que lleva el N° 1.) De estructura clásica en tres movimientos, su estreno se realizó el 17 de marzo de 1830. Chopin alquiló para ello el Teatro Nacional de Varsovia y tres días antes del estreno sintió cómo lo inundaba la alegría al enterarse de que todas las localidades estaban vendidas. La acogida fue calurosa, de público y de crítica, a tal punto que cinco días más tarde se vio obligado a ofrecer un segundo concierto, con la sala abarrotada nuevamente. El segundo movimiento, larghetto, por segunda vez, produjo gran efecto. Pero a Chopin no se le han ido los humos a la cabeza. Escribe a un amigo:
"En todas partes me hablan del adagio ... aunque no improvisé como deseaba... Me piden que haga grabar mi retrato y lo difunda entre el público. Me opongo, porque sería demasiado... ¡y además no tengo ganas de servir para envolver manteca! ..."

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lunes, 7 de enero de 2013

Clara Schumann: Nocturno N° 2 - opus 6



Aunque en nuestros días pueda parecer raro, Clara Schumann fue de los pocos pianistas de su tiempo que se presentaba en público tocando de memoria. Nacida en Leipzig en 1819, hizo su debut formal a los once años, en la célebre sala Gewandhaus, y a los dieciocho ya había hecho giras por Alemania, Francia y Austria. A la muerte de su marido Robert, debió asumir el papel de proveedor de la familia y se convirtió así en una de las escasísimas mujeres sino la única que pudo desarrollar a mediados del siglo XIX una carrera internacional exitosa como concertista en piano.

Clara era hija de Friedrich Wieck, un talentoso profesor de piano de Leipzig a cuya casa llegó el futuro compositor Robert Schumann a alojarse, como era la costumbre, para atender así, diariamente, clases con el maestro. Clara tenía once años, Robert veinte. Diez años después contraerán matrimonio, luego de superar los innumerables escollos dispuestos por Friedrich. Y comoquiera que Robert, a consecuencia de una lesión autoinferida en un dedo de la mano derecha canceló para siempre su carrera como intérprete, debió ser Clara quien tomara en sus manos la tarea de dar a conocer en Europa la obra de su marido, junto a la propia, amén de la de Bach, Doménico Scarlatti, Beethoven, Schubert y, naturalmente, Johannes Brahms.

Seis de los ocho hijos
de Clara y Robert Schumann
No obstante desarrollar ambos una carrera musical intensa, la pareja se las arregló para tener ocho hijos a quienes Clara, al regreso de sus giras –que podían durar varios mesesdebía atender y, simultáneamente, retomar sus clases de piano y sentarse a componer. Estas circunstancias, que podrían haber debilitado la unión, fueron sin embargo beneficiosas para ambos: Robert instaba a Clara a componer, y ésta transcribía al piano las obras orquestales de Robert para darlas a conocer en sus giras. En retribución a tal entrega, Robert incluyó en su propia obra varias citas de pasajes nacidos de la imaginación de Clara.

Con la muerte de Robert en 1856, la pianista compositora quedó viuda a los 37 años. Retomó sus giras, las que había suspendido a raíz de la penosa y larga enfermedad mental de su marido, reconquistando a su audiencia y convirtiéndose en la concertista más brillante del siglo XIX. Pero dejó de componer. Su norte fue desde entonces la divulgación de la obra del esposo, centrándose en la publicación y reedición de su música. La última presentación en público de Clara se dio en 1891, si bien continuó dando clases en el Conservatorio Hoch, de Frankfurt, hasta su muerte, el 20 de mayo de 1896.



La imagen fija del "video" es un dibujo de Clara, a los 21 años.
La obra de Clara Schumann no la conocemos en su totalidad. Sabemos que contiene piezas para piano solo, canciones para voz y piano, música de cámara, de orquesta y música coral. La pieza que escuchamos, compuesta por una Clara quinceañera, lleva el número 2 de su opus 6, un conjunto de piezas cortas titulado Soirees Musicales. La versión es del pianista danés Bart von Oort.

En general, la producción de Clara permaneció prácticamente desconocida durante su vida, aunque después de 1870 surgió algún interés en editarla. Recién en la segunda mitad del siglo veinte se publicó parte de su obra, pero mucho de ella no es de conocimiento público todavía porque pertenece a colecciones privadas. Inexplicablemente, también, la Enciclopedia Británica, edición 1984, no contiene en la macropedia una entrada exclusiva para Clara.

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jueves, 3 de enero de 2013

Shostakovich: Tres preludios del opus 34



El 17 de abril de 1917, el joven Dmitri Dmitrievich Shostakovich, de once años, se encontraba entre los miles de personas que acudieron a la estación de San Petersburgo para recibir de vuelta a Rusia a Vladimir Ilich Ulianov, llamado Lenin. A partir de esa experiencia estremecedora, Dmitri comenzó a considerarse un hijo de la revolución apenas dos años más tarde va a componer una marcha fúnebre en memoria de los caídos.

Dmitri había nacido en San Peterburgo el 25 de octubre de 1906, hijo de un ingeniero químico y de Sophie, una joven pianista que por esas fechas terminaba sus estudios en el Conservatorio. Cuando Dmitri cumplió siete años, comenzó a asistir en calidad de oyente a las clases de piano que su madre daba a su hermana mayor, Maria. Durante aquellas prácticas el pequeño Dmitri permanecía en silencio, acurrucado en un silloncito, escuchando, absorto.

El niño Shostakovich
Luego de dos años de presenciar tal escena, Sophie comprendió que el muchachito podía tener algún interés en la música y decidió proporcionarle algunos rudimentos. En plan de diversión, puso en el atril la transcripción para piano de un andante de una sinfonía de Haydn e invitó a Dmitri a sentarse. Estupefacta, Sophie presenció cómo el pequeño Dmitri, lento pero seguro, tocaba la pieza completa, para la cual se había inventado una digitación adaptada a sus manitas.

A fines de 1919, Dmitri ingresó al Conservatorio de Petrogrado, concluyendo sus estudios seis años más tarde, al presentar a su profesor de composición una sinfonía luego estrenada por la Sinfónica Estatal, que desató el júbilo de sus compatriotas. Al poco tiempo la obra ya era conocida en Europa y América, convirtíendo así a Dmitri en el primer gran autor de la nueva Rusia, un compositor formado íntegramente bajo la Revolución, y por la Revolución. A partir de entonces, Dmitri tuvo carta blanca para la creación, aunque duró una miseria hasta la muerte de Lenin. Las dificultades iban a presentarse cuando Joseph Vissarionovich Dzhugashvilli, llamado Stalin, tomara las riendas de los destinos del país. Pero esa es otra historia.

24 Preludios para piano Op 34
Los 24 preludios para piano del Opus 34 fueron compuestos entre los años 1932-33, por un Shostakovich de 26 años. Se trata de un ciclo de 24 miniaturas que retoman la experimentación de Bach en el siglo XVIII, Chopin y Scriabin en el XIX, y de Debussy en el siglo veinte. La aportación de Shostakovich tiene un lugar especial en la historia de este género instrumental y constituyen una clave para comprender el desarrollo y la posterior maduración estilística del compositor.


Hay en la red mucho niño, grabado por sus padres, jugueteando con el piano.
Sarah Tuan es otra cosa. La pequeña pianista es capaz de interpretar con propiedad música del siglo XX, y rinde aquí, quizá sin proponérselo, un cabal tributo a ese otro niño que escuchaba las clases destinadas a su hermana, hace cien años.
Tres espléndidos preludios del opus 34 son lo que nos brinda la pequeña Sarah con ocasión del concierto ofrecido por los ganadores en su categoría, del International Russian Music Piano Competition, en junio de 2011.

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