jueves, 27 de junio de 2013

Rachmaninof: Rapsodia tema Paganini



Nacido en el seno de una familia acaudalada, Sergei Rachmaninof no había visto con buenos ojos los brotes revolucionarios de principios de siglo que más tarde llevarán al estallido de la revolución bolchevique de 1917. Así que apenas iniciado el cambio histórico, se fue de gira por los países escandinavos. Una vez terminada la tournée, decidió marchar a Norteamérica junto a su esposa Natalia en una frágil embarcación que los depositó en Long Island los primeros días de noviembre de 1918. No era su primera visita al gran país del Norte pero esta vez la estadía sería para siempre.

Los éxitos cosechados en la visita previa le permitieron acceder cómodamente a los circuitos musicales estadounidenses y realizar extensas y agotadoras giras como virtuoso ejecutante del piano, si bien esto lo obligó a desatender su carrera como compositor. Pero a la vez, la holgura económica alcanzada en Norteamérica facilitó que pudiera dividir su vida y su tiempo entre Estados Unidos y Europa. Así, entre los años 1932 y 1939, pudo arrancarse todos los veranos a la pequeña villa que había construido en Suiza, en las cercanías del lago Lucerna, en compañía de Natalia.

Villa Senar
El refugio suizo llevaba por nombre Villa Senar, palabra formada por las dos primeras letras de su nombre, las propias de Natalia, y la inicial de su apellido. En esa casa se hablaba ruso, se hacía comida rusa cocinada por sirvientes rusos y se recibía a inmigrantes y amigos de esa nacionalidad el pianista Vladimir Horowitz entre ellos. Si había la suficiente paz, Sergei intentaba componer.

Fue en la comodidad de este hogar, entre julio y agosto de 1934, donde Sergei Rachmaninof compuso una de sus obras más aplaudidas, la Rapsodia sobre un tema de Paganini, estrenada con gran éxito por la Orquesta de Filadelfia en Baltimore, el 7 de noviembre de ese año, con el autor al piano bajo la conducción de Leopold Stokowsky.


La obra está compuesta de veinticuatro variaciones sobre el capricho N° 24 para violín solo de Niccolo Paganini. Está claro que Sergei no fue el inventor de la idea, pues el Capricho del violinista que tenía pacto con el diablo ha inspirado a un amplio y diverso número de compositores que incluyen no sólo a Brahms, Liszt o Lutoslawski sino también a Benny Goodman.

Aunque la obra se ejecuta de un tirón, puede ser dividida en tres secciones correspondientes a los tres movimientos de un concierto: hasta la variación 10 conforman un primer movimiento; de la 11 a la 18, un segundo movimiento lento; y las restantes el movimiento final. De grandes dificultades técnicas, la pieza obligó a Sergei a subir al escenario el día del estreno con una copa de crema de menta en el cuerpo a fin de calmar los nervios, protocolo que siguió cada vez que debió interpretar la pieza que él mismo apodó más tarde "variaciones de la crema de menta".

La variación 18 (14:50) es por lejos la más conocida. De carácter lento y sorprendentemente romántica, se incluye a menudo como pieza independiente en compilaciones diversas de música clásica. Su utilización en películas de Hollywood y canciones populares varias ha contribuido también a la popularidad de la pieza y a la fama posterior de Sergei Rachmaninof.

La versión es del pianista ruso nacido en 1991 Daniil Trifonov, acompañado por la Orquesta Filarmónica de Israel conducida por Zubin Mehta.

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martes, 25 de junio de 2013

Scarlatti: Sonata en La mayor



El compositor napolitano Doménico Scarlatti conoció a Haendel durante un viaje que el primero realizó a Venecia en 1708, cuando ambos tenían veintitrés años, pues habían nacido el mismo año, en 1685. Entusiasmado con las habilidades del maestro alemán, Doménico lo siguió a Roma para escuchar sus improvisaciones. Luego de un tiempo, ambos músicos habrán consolidado una gran amistad.

Según cuenta un biógrafo de Scarlatti, el cardenal Ottoboni, patrón de Haendel por esas fechas y mecenas del arte, organizó en Roma una sana competencia entre los dos músicos para amenizar las veladas de su modesta corte. Se trataba de saber quién era el mejor organista y clavecinista, o Scarlatti, o Haendel. Al finalizar la contienda, y para no enemistar a los participantes, el noble público (o el público noble) declaró empatados a ambos artistas: el mejor organista era Haendel, y el mejor clavecinista, Scarlatti.

Doménico Scarlatti (1685 - 1757)
Razón no le faltaba a ese público excelso. En 1733, instalado en Madrid por el resto de sus días como maestro de música de su alumna y ex princesa Maria Barbara, ahora reina de España, va a componer allí su gigantesca obra para clavecín: 555 piezas breves de un solo movimiento que modestamente llamó "ejercicios", composiciones sin embargo altamente innovadoras que presagian la futura forma sonata de los próximos decenios.

Encabeza la primera edición de los modestos "ejercicios" de Doménico una singular y preciosa advertencia que para la comprensión de su arte y su persona nos proporciona más información que una enciclopedia completa:
  • "Ya seas aficionado o profesor, no esperes encontrar en estas composiciones intenciones profundas, sino más bien un ingenioso jugueteo del arte de ejercitar la ejecución atrevida en el clavecín. 
  • Ningún fin de interés o de ambición me ha llevado a publicarlas, sino la obediencia. 
  • Quizás te resulten agradables y entonces obedeceré a otras órdenes y te complaceré con un estilo más fácil y más variado. 
  • Muéstrate pues más humano que crítico y de esta forma acrecentarás tu propio placer. 
  • Para comprender la disposición de las manos te aviso que la D indica la mano derecha y la M la mano izquierda. 
  • Vive feliz."
Feliz y más humano que crítico habrá que escuchar entonces la versión de la sonata en La mayor K. 322, a cargo de la pianista de 16 años nacida en Hong-Kong, Tiffany Poon, durante un recital en Montreal en enero de 2013.


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lunes, 24 de junio de 2013

Antonio Lauro: Vals venezolano "Natalia"



El vals, de tradición europea por naturaleza, llegó a Venezuela a mediados del siglo XIX para adquirir allí una personalidad propia, especialmente desde el punto de vista rítmico, lo cual lo distinguió radicalmente del europeo, pasando a llamarse desde entonces vals venezolano, si bien mantenía la estructura armónica y formal heredada de las normas de la tradición europea. Con el paso de los años, su carácter popular fue perdiendo fuerza a la vez que adquiría peso como pieza de concierto, condición en la que mostrará más tarde un importante desarrollo en el ámbito de la guitarra clásica.

Antonio Lauro (1917 - 1986)
Es aquí cuando interviene uno de los maestros venezolanos con mayor reconocimiento a nivel internacional, Antonio Lauro, a quien el guitarrista australiano John Williams llamó algo graciosamente "el Strauss de la guitarra", y cuyas creaciones son hoy repertorio obligado en los conservatorios de música del mundo entero. Nacido en Ciudad Bolívar de padres inmigrantes italianos, el maestro Lauro hizo en Venezuela una brillante carrera como compositor e intérprete, y hoy está considerado como uno de los principales maestros latinoamericanos de la guitarra clásica.

Su célebre vals "Natalia", una breve pieza de menos de tres minutos de duración (tres secciones que se repiten completas) pero de alta exigencia técnica, es uno de los dieciséis valses venezolanos que escribió a lo largo de su vida y una de aquellas piezas que no pueden faltar en el repertorio del instrumento. La obra data de 1940 y durante veinticinco años se llamó simplemente Vals N° 3, pero el cariño de padre en las circunstancias apropiadas hizo que tomara el nombre de su hija Natalia, quien ha tenido la amabilidad de dejarnos referida aquí la historia con pelos y señales:
“Cuando papá compuso el valse, aún no se casaba con mi mamá y faltaban como 10 años para que yo naciera. La pieza formaba parte de un cuadernillo que tenía tres valses y ese era el número tres. Cuando yo cumplí 15 años, ya existía una versión para orquesta y papá me sacó a bailarlo, lo tocaba la orquesta de Daniel Milano. Bailando me lo dedicó y me dijo que a partir de ese día el tema llevaría mi nombre...".
(Correo del Orinoco, digital, 6 agosto 2010) 


La excelente versión es del guitarrista de origen griego, Nicholas Petrou.


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sábado, 22 de junio de 2013

John Williams: Guerra de las Galaxias



Nacido en Nueva York en 1932, el compositor estadounidense John Williams comenzó su exitosísima carrera como compositor de bandas sonoras para el cine con su participación en la película Daddy-O, de 1958, una cinta de bajo presupuesto y con un toque de erotismo blando como la mantequilla, que hoy solo es recordada por constituir el debut de Williams en el cine, a los veintiséis años.

50 años más tarde, Williams habrá compuesto la banda sonora de más de cien películas, entre las que destacan, por nombrar unas poquísimas: El violinista en el tejado, TiburónLa aventura del Poseidón, Encuentros cercanos del tercer tipo, Jurassik Park, La lista de Schindler y las sagas de Indiana Jones, Guerra de las galaxias y Harry Potter (los tres primeros episodios), y su última producción, Lincoln, de 2012. Por supuesto, el compositor es también autor de conciertos para diversos instrumentos y variada música sinfónica.

John Williams
Pero tan vasta producción solo podía atraer la opinión malsana de alguna crítica y audiencia filomusical, al punto de sostener que Williams no es un verdadero compositor sino un arreglista de melodías tomadas del romanticismo temprano y tardío, a las cuales imitó graciosa y eficazmente. Entre quienes ven debajo del agua, están los que en la "Marcha Imperial" de la Guerra de las Galaxias se las arreglan para escuchar la marcha fúnebre de Chopin; y en el tema inicial de Harry Potter, otros oyen, boquiabiertos, trozos del compositor francés Gabriel Fauré.

Pero también existen opiniones en contrario, más sencillas y creíbles, que sostienen que hoy es literalmente imposible crear melodías tonales (como la mayor parte de la música de Williams) que sean enteramente originales. Ni siquiera los grandes compositores del pasado, agregan, han sido "puros" y están libres de la influencia de los autores que los han antecedido. Igor Stravinsky fue un poco más lejos cuando señaló, muy desenvuelto, que los compositores no imitaban, se limitaban a robar.

Poco antes de que John Williams cumpliera ochenta años, la Orquesta Filarmónica de Viena le rindió un homenaje con ocasión de su concierto anual en el Palacio de Schönbrun, interpretando por primera vez allí tres temas de la película Star Wars, ante cien mil personas.
Se presenta aquí el tema principal. Según quienes ven bajo el agua, algunos compases traen a la memoria parte de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Por más empeño que le he puesto, yo solo escucho a Williams.



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miércoles, 19 de junio de 2013

JS Bach: Concierto para tres teclados



La tarde del 15 de diciembre de 1832 subían al escenario en el Conservatorio de París tres jóvenes pianistas de no más de veintidós años: el húngaro Franz Liszt, su amigo Frédérik Chopin arribado recién desde Varsovia, y el pianista alemán Ferdinand Hiller. El programa incluía, junto a música de variados compositores, el Concierto en re menor para cuerdas y tres teclados, compuesto hacía cerca de cien años por Johann Sebastian Bach, cuya obra, después de su muerte en 1750, había caído prácticamente en el olvido y su reputación como compositor, declinado abiertamente, ante el surgimiento de un nuevo estilo, el clasicismo. El homenaje de los tres pianistas se unía así a la admiración profesada antes por Mozart y luego Beethoven quien no había dudado en señalar a Bach como "el auténtico padre de la armonía".

JS Bach (1685 - 1750)
Retrato de E.G. Haussmann, 1746
Lo cierto es que en los dos últimos decenios de la vida del maestro del barroco, los gustos habían comenzado a cambiar paulatinamente, y Johann Sebastian, fiel a sí mismo, no había sabido, o no había querido, adaptarse. Según cuenta Anna Magdalena Bach, su segunda esposa, alguna vez lo escuchó decir que "como escribo para el placer mío, no puedo enfadarme porque mi arte no guste a todos". Pero esta actitud le ocasionó algunos sinsabores. Más o menos por el mismo periodo de composición del concierto para tres teclados, un pariente cercano, primo suyo y también músico, le dedicó solo 39 líneas en un monumental diccionario de la música que por esas fechas confeccionaba.

Ninguno de sus contemporáneos podía desconocer que Bach era un genio, pero en sus últimos años el juicio generalizado era que ya no pertenecía a su época. Era un genio, pero del pasado; cuestión que no le era difícil comprobar observando cómo el público comenzaba a preferir las obras de sus hijos músicos antes que las suyas propias.
En 1747, tres años antes de morir, invitado a Berlín por Federico de Prusia, el soberano comunicó a sus cortesanos la llegada del maestro con la siguiente frase: "Señores, una noticia extraordinaria: el viejo Bach acaba de llegar a Berlín". El singular anuncio muestra a las claras lo que, entusiasmo aparte, era Bach por esos años incluso para un gran admirador como Federico el Grande: el viejo Bach.



Concierto para tres teclados, cuerdas y bajo continuo, en re menor, BWV 1063
El viejo Bach compuso conciertos para uno, dos, tres y cuatro teclados. Los estudiosos coinciden en fechar la composición de éste, uno de los dos conciertos para tres teclados, antes de 1733. La obra se supone escrita para la ejercitación de los numerosos hijos de Bach a fin de ayudar a su formación, y cómo no, para contar con su concurso en las frecuentes veladas familiares. No se descarta también que los hijos mayores, Wilhelm Friedrich o Carl Philipp Emanuel, hayan participado incluso en su composición.

La obra tiene tres movimientos:
- Allegro 
- Alla Siciliana (5:08)
- Allegro (9:02 atacca)

Los solistas son Arthur Haas, Davitt Moroney, Adam Pearl.

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domingo, 16 de junio de 2013

Beethoven: Sonata "Waldstein"


Bienaventuranzas de Waldstein a Beethoven, días antes de su viaje a Viena

No obstante haber patrocinado el primer viaje del joven Beethoven a Viena para conocer a Mozart, el príncipe elector de Bonn de nombre Maximiliano Francisco y patrón de Ludwig para la época no dio muestras a su regreso de especial favoritismo por el músico, que a sus diecisiete años intentaba adquirir una mayor base técnica mediante el estudio con los maestros que por entonces brillaban en Viena.
Según cuenta la tradición, Mozart lo habría escuchado y profetizado que Beethoven "daría que hablar". Pero el viaje duró apenas dos meses pues al enterarse de la muerte de su madre, Ludwig debió regresar a Bonn donde permanecerá los próximos cinco años a la espera de que el príncipe elector tenga la oportunidad de brindar nuevamente su apoyo, en un hipotético segundo viaje. Mientras ello no ocurra, Maximiliano Francisco asignará a Ludwig un salario de 170 florines por su desempeño como segundo organista de la corte.

Durante ese extenso período, Ludwig logra forjar valiosas amistades, entre ellas, la de una inteligente y distinguida viuda, la señora von Breuning, quien lo acoge en su casa como profesor de música de dos de sus cuatro hijos, y donde Ludwig encontrará un segundo hogar, más acogedor incluso que el suyo propio, sin contar con el interés que suscitó en él su alumna Eleonora.
A través del círculo de amistades de la refinada dama, el joven Beethoven conseguirá fácilmente alumnos acomodados. Pero su contacto más beneficioso se producirá en 1778, cuando se instala en Bonn el conde Ferdinand von Waldstein, miembro de la aristocracia vienesa y amante de la música. El conde se integra prontamente al círculo de Mme Breuning, oye a Beethoven y se convierte en su devoto admirador, el primer aristócrata de una extensa lista futura.

Conde Waldstein (1762 - 1823)
A la muerte del emperador José II, en 1790, el conde Waldstein invita a Beethoven a componer una oda funeraria, que finalmente no se representa por las dificultades que entrañaba para los músicos, pero la intención vale. Ese mismo año lo escucha Haydn de paso por Bonn camino a Londres y lo invita a Viena para tomarlo como pupilo a su regreso. Luego de que el conde Waldstein tocara las puertas necesarias, el 2 de noviembre 1792, a las seis de la mañana, Beethoven partió hacia Viena, de donde nunca volverá.

Su cuaderno de viaje al estilo de Chopin cuando abandonó Varsovia recibió catorce saludos y bienaventuranzas, entre ellos uno de Eleonora y el de un único aristócrata, el conde Waldstein, quien escribe, recién muerto Mozart:
Querido Beethoven: Va usted a Viena para realizar un deseo expresado hace ya tiempo. El genio de Mozart todavía está de luto y llora la muerte de su discípulo. Encuentra un refugio, aunque no su plenitud, en el inagotable Haydn. A través de él desea todavía unirse a alguien. Con su incesante aplicación, reciba de las manos de Haydn el espíritu de Mozart.
Bonn, 29 de octubre de 1792.                        Su sincero amigo, Waldstein

Desafortunadamente, el sincero amigo Waldstein no gozó de una vida buena. Obsesionado por crear su propio ejército para combatir a las fuerzas napoleónicas, dilapidó su fortuna y la de su mujer en tal empresa. Sabedor de sus circunstancias, Beethoven le dedicó la sonata para piano opus 53, compuesta en 1804. El conde, destituido como servidor del Imperio, morirá veinte años más tarde en un hogar para indigentes, a las afueras de Viena.


Sonata "Waldstein", o "Aurora"
La sonata N° 21 en do mayor opus 53, llamada Waldstein y también conocida como "Aurora", es interpretada aquí por el maestro chileno Claudio Arrau, con ocasión de la Beethovenfest de 1977, que se celebra en Bonn cada año. En la oportunidad, el maestro Arrau tenía 74 años.
En su origen, la sonata tenía tres movimientos, pero a raíz de comentarios que sugerían que la sonata era muy extensa, Beethoven eliminó el segundo movimiento reemplazándolo por una breve introducción (12:20) al tercero o final (15:55). El movimiento eliminado se convirtió luego en el célebre Andante Favori, muy solicitado por la audiencia en las veladas de la época (y de ahí su nombre, sugerido por Czerny).

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viernes, 14 de junio de 2013

Haendel: "Aleluya" del oratorio El Mesías



Luego de reunir textos escogidos de la Biblia y de pergeñar unos cuantos salmos por aquí y por allá, el hacendado inglés Charles Jennens envió en julio de 1741 un libreto de su autoría al compositor de óperas alemán asentado en Londres, Georg Friedrich Haendel, para que compusiera en base a él un oratorio en inglés: un canto y una reflexión sobre la relación entre el hombre y Dios, y que, de pasada, abordara el misterio de la Redención.
No era la primera vez que el rico hacendado colaboraba con Haendel, pero esta vez tenía una confianza enorme en el éxito de la empresa. Y así se lo hace saber a un amigo: "Espero que [Haendel] despliegue aquí todo su genio y habilidades. La composición debiera superar todos sus trabajos anteriores ya que el tema aventaja a cualquier otro. El tema es El Mesías."

Cuatro años antes, Haendel había tenido que hacer frente al fracaso de su tercer emprendimiento como compositor-empresario. Todavía escribió algunas óperas italianas, pero aconsejado por amigos y conocidos ya venía poniendo alguna distancia con el género lírico italiano y adentrándose en el campo del oratorio en lengua inglesa, de modo que el libreto que recibió de Jennens le vino como anillo al dedo.

Georg Friedrich Haendel (1685 - 1759)
Según sus propias notas, el compositor comenzó a trabajar en el oratorio El Mesías el 22 de agosto de 1741 y veinticuatro días más tarde lo tenía terminado. Sin embargo, el oratorio más célebre de Haendel no se pudo estrenar en Londres con su título original, y tuvo que esperar a que el compositor viajara a Irlanda para ser estrenado en 1742 en el New Music Hall de Dublín como función benéfica en favor de presidiarios diversos y enfermos de toda índole.

A su regreso a Londres, a fin de paliar las críticas surgidas por el uso de un tema sacro en un entorno que poco y nada tenía que ver con la liturgia, el título hubo de ser cambiado por el de Sacred Drama. Su recepción, si bien cálida, estuvo muy lejos de despertar el fervor que alcanzará años más tarde.

El coro Aleluya
El oratorio está compuesto de tres secciones, en que se alternan coros, recitativos y arias. El célebre coro Aleluya, que el autor ya había utilizado en versiones menos elaboradas en dos composiciones anteriores, se canta al final de la segunda parte.
Si bien el oratorio no constituye propiamente una historia sagrada, se acostumbra representarlo para Semana Santa, o Navidad. No es el caso del video que aquí se presenta, en que la agrupación coral canadiense Niagara Chorus irrumpe un día cualquiera de noviembre –flashmob mediante– en un centro de comidas para sorprender con música del mil setecientos a las decenas de despreocupados parroquianos que disfrutan de sus contemporáneas hamburgers y french fries.



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martes, 11 de junio de 2013

Saint-Saëns: Danza macabra




Otro niño prodigio
El multifacético y superdotado intelectual y músico Camille Saint-Saëns compuso su primera pieza para piano cuando tenía poco más de cuatro años. Pero no por ello se echó a dormir en los laureles, y a los siete ya deleitaba a un amplio público en conciertos familiares. Tan prometedor comienzo lo decidió a abandonar, momentáneamente, sus estudios de latín, griego, literatura y otras ciencias para consagrarse exclusivamente a la música, decisión muy acertada que lo condujo a dar su primer concierto público en la Sala Pleyel, en París, a los diez años.

Un recital asombroso
Acompañado en un segundo piano por un maestro italiano, en la oportunidad se despachó un concierto de Mozart y otro de Beethoven, amén de piezas de Hummel, Haendel y Bach. Al finalizar, ofreció al público hacer bis con cualquiera de las treinta y dos sonatas de Beethoven que, por cierto, se sabía de memoria. El público casi echó la sala abajo aplaudiendo y la noticia de este increíble concierto se expandió por los periódicos de toda Europa, llegando incluso a tener eco en la prensa de los Estados Unidos. Tres años más tarde, ingresará al Conservatorio de París, a estudiar órgano y composición. No había otro camino.

Camille Saint-Saëns (1835 - 1921)
Madurez y Danza Macabra
Antes de los veinte años, con dos sinfonías a su haber, Camille se habrá ganado la admiración y el apoyo de Liszt, Berlioz, Gounod y Rossini, entre otros. Para 1875, a sus cuarenta años, su intenso ritmo creativo ha dado enormes frutos, abarcando todos los campos de la música y todas las combinaciones instrumentales y vocales posibles. Es el año que señala el gran triunfo de su tercer poema sinfónico, Danza Macabra, que le valdrá más notoriedad aún, convirtiéndolo en el compositor francés de su época con mayor reconocimiento internacional.


La obra, en ritmo de vals y de escasos siete minutos, está basada en un poema de Henri Cazalis, que describe a la Muerte tocando el violín ante las tumbas, y a cuyo llamado acuden los esqueletos a danzar para ella. Doce campanadas anuncian el comienzo de la obra. La Muerte irrumpe luego con un violín algo distorsionado en su afinación para crear un clima fantasmagórico. En el minuto 2:47, entran los xilófonos a remedar el golpeteo de los huesos al danzar y al final (7:02), el oboe anuncia el nuevo día con el canto del gallo, llamando de regreso a sus tumbas a las osamentas danzantes.


La excelente animación pertenece a un señor Henderson que en los créditos, desafortunadamente, asigna la obra a Liszt, acaso confundido por una pieza del autor húngaro de nombre similar: Totentanz. La pieza de Camille termina en el minuto 7:45, con dos acordes de escaso realce, en dominante y tónica (como los tangos). Lo que se oye a continuación es el tema Destroying Angel, de la banda inglesa Sneaker Pimps.

Y como de todo hay en la viña del Señor, el video ha recibido en Yt diversos y encontrados comentarios, desde el saludo más entusiasta hasta el calificativo de estupidez soberana, pasando por el reclamo de que los esqueletos danzantes parecen gay. A mí, me parece simpatiquísimo.

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viernes, 7 de junio de 2013

Mozart: Las Bodas de Figaro - Obertura


Durante la primavera y el verano de 1785, felizmente casado hace tres años y con un hijo de meses, Wolfgang Amadeus Mozart se encontraba ocupadísimo: había comenzado a escribir una nueva obra, la ópera bufa Las Bodas de Fígaro, basada en la obra homónima de Beaumarchais que un año atrás había hecho las delicias del público francés, luego de superar los obstáculos impuestos por la censura.

El libreto pertenecía al poeta y libretista italiano Lorenzo da Ponte, quien lo escribió a sugerencia de Mozart y con quien el compositor conformará una memorable dupla para la construcción de esta ópera y las dos siguientes, Don Giovanni y Cossi fan tutte.

Pese a estar prohibida en Viena la obra original de Beaumarchais, Da Ponte y Mozart se las ingeniaron para que la versión operística consiguiera el beneplácito del emperador José II. Luego de casi un año de trabajo, la ópera fue terminada y tras unas cuantas postergaciones, tuvo finalmente su estreno en el Burgtheater de Viena el 1 de mayo de 1786, con Wolfgang Amadeus a cargo de la dirección.

Si bien no obtuvo un éxito clamoroso, la opinión generalizada es que Figaro fue bien acogida, accediendo a un total de nueve representaciones durante ese año. No gran cosa, se dirá. Sobre todo si se la compara con su  trabajo anterior, La Flauta Mágica, que se representó casi todos los días durante meses. En todo caso, nada mal le vinieron a Wolfgang Amadeus los 450 florines que recibió por su trabajo, tres veces su salario anual mientras fue músico de corte en Salzburgo. Da Ponte recibió doscientos.

Obertura
La pieza, que no contiene ni alude a ninguno de los temas que se oirán en los cuatro actos de la obra, comienza con un animado susurro que desemboca rápidamente en un brevísimo tema que podría escapársele a un oyente poco atento, porque en ese preciso instante nos sorprende un tutti con trompetas y timbales, al que sigue un frenesí de violines, flautas y oboes. En menos de cuatro minutos, la obertura nos va a entregar un delicioso anticipo del carácter de la ópera: ágil, ingeniosa, y a menudo mordaz.
La versión es de la Filarmónica de Viena, dirigida por el maestro italiano Ricardo Muti.


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martes, 4 de junio de 2013

Moritz Moszkowski: "Étincelles"



El pianista y compositor Moritz Moszkowski nació el año 1854 en Alemania, o más bien en Prusia, en la ciudad de Breslau, actualmente parte de Polonia. Niño prodigio nacido en el seno de una familia rica, a los once años entró al Conservatorio de Dresde, y a los 17 era instructor de la Neue Akademie der Tonkust, en Berlín, cargo que ocupó hasta 1896. Debutó como pianista antes de los veinte años, y a partir de entonces transitó por un camino de rosas que lo llevó a convertirse en uno de los pianistas top de la Europa de los años ochenta.

Pero como la felicidad no dura para siempre, a fines de esa misma década comenzó a sufrir de los nervios y debió disminuir drásticamente la frecuencia de sus presentaciones, ante lo cual Moritz retomó la actividad compositora que hacía poco tiempo le había proporcionado una gran satisfacción, con el estreno de su primer concierto para piano, en 1895. Su creatividad fue asombrosa, acaparando la atención del gran público con sus piezas para piano que se vendieron como pan caliente, con lo que logró reunir una suma nada despreciable de dinero.

Moritz Moszkowski (1854 - 1925)
Con una reputación bien establecida y financieramente autónomo, el músico volvió a presentarse en público y a dirigir orquestas, viajando a las principales capitales europeas desde Berlín, su centro de operaciones. A los 43 años, decidió trasladarse a París. Allí conoció a Henriette, hermana de la compositora francesa Cécile Chaminade, y casó con ella con la abierta intención de cerrar un ciclo de éxitos y reconocimiento. Tuvieron dos hijos y parecía cierto. Pero la vida le tenía reservado otro golpe a Moritz. En 1910, Henriette lo abandonó por su mejor amigo, llevándose a una hija con ella. Moritz jamás se recuperará del sacudón.

En 1913, Igor Stravinsky estrenará La Consagración de la Primavera, anunciando con ello una nueva era en la invención musical. Moszkowski, de sesenta años, no será capaz de adaptarse a los nuevos tiempos. Sus obras fueron perdiendo audiencia y la venta de sus partituras declinó abiertamente. El autor morirá en la pobreza, en París, en 1925.

Ocho Piezas Características
El grupo de ocho composiciones que lleva este título fue compuesto alrededor de 1886. Ha sobrevivido de ellas la pieza N° 6, Étincelles (destellos, fulgores), ágil y novedoso trozo de tres minutos de duración, y que hoy se acostumbra tocar generalmente como bis. Es el caso de la versión que presentamos: una más de las piezas fuera de programa que Vladimir Horowitz ejecutó con ocasión de su visita a Moscú, en 1986.



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domingo, 2 de junio de 2013

Richard Strauss: Así habló Zaratustra



Así Habló Zaratustra es uno de los siete poemas sinfónicos compuestos por el músico nacido en Munich en 1864, Richard Strauss. Escrito entre los años 1895-1896, es el más libre y fantástico, y según algunos, el más elaborado y difícil, debido tal vez a su asociación con la compleja obra homónima del filósofo Friedrich Nietzsche, sobre la cual está basado, libremente.
Luego de su estreno en Frankfurt bajo la conducción del autor, surgió un acalorado debate que, sin embargo, obedeció menos a la música que al complicado programa que Strauss elaboró como apoyo a la comprensión de una obra de carácter "programático"; en este caso, una música creada bajo la sugestión de los estados de ánimo provocados por la lectura de un texto literario.

En la oportunidad, Strauss solicitó incluir en el programa de mano el siguiente texto:
"Primer movimiento: Amanecer. El Hombre siente el poder de Dios. Andante Religioso. Pero sigue añorando. Se sumerge en la pasión (segundo movimiento) y no encuentra la paz. Se vuelve hacia la ciencia y trata en vano de resolver los problemas de la vida con una fuga (tercer movimiento). Suenan agradables melodías y se convierte en individuo. Su alma se eleva, mientras el mundo se hunde bajo él."
Richard Strauss (1864 - 1949)
Para ser francos, parece una tomadura de pelo. Anécdota aparte, la obra se convirtió desde su estreno en parte del repertorio universal, hasta hoy. La obra completa dura típicamente unos 40 minutos, y está dividida en nueve secciones, que Strauss denominó en consonancia con determinados capítulos del libro del filósofo.

La primera de ellas, Amanecer, una fanfarria de menos de dos minutos de duración, fue incluida en la película 2001, Odisea del Espacio, de Kubrick, lo que favoreció su conocimiento por parte de un público amplio.
Sobre un ostinato pianissimo a cargo de los contrabajos, el tema es expuesto por la trompeta. Luego de travesear entre los modos mayor y menor, el trozo termina con un brioso y espectacular tutti en do mayor, que luego calla para dejar al órgano en solitario por un par de segundos.
La versión es de la Filarmónica de la BBC, a cargo del director español, Juan José Mena.



Versión funky
Eumir Deodato, músico y arreglista brasileño nacido en 1943 en Río de Janeiro y residente en EEUU desde mediados de los setenta sorprendió en 1974 a la audiencia estadounidense con un genial arreglo funky de la Introducción de la obra de Richard Strauss, que le valió ese año el premio Grammy a la Mejor Interpretación Pop/Instrumental. Algún reconocimiento habrá que hacer también al autor del video que presentamos que, con imágenes del espacio, acompañan brillantemente estos espectaculares diez minutos de música creados por Deodato a partir de un trozo de música clásica, en los que conviven jazz, blues, gospel, elementos de tradición africana y... o sea, música funky


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