jueves, 7 de enero de 2016

Vivaldi: Las Cuatro Estaciones - El Otoño



Antonio Vivaldi, conocido en su época como il prette rosso (el cura rojo, por el color de su pelo, una característica de familia) recibió las órdenes menores cuando recién había cumplido quince años. Sin embargo, el joven violinista no sentía una vocación religiosa particularmente profunda. Al parecer, optó por los hábitos como una forma de acceder a un estatus social que de otro modo le habría estado vedado: su álbum familiar está repleto de personajes poco virtuosos, abundando en su parentela los marinos, piratas y bandidos, con excepción de su padre que también fue un violinista famoso. Con todo, en 1703, a los veinticinco años, fue ordenado sacerdote.

Ese mismo año inició en Venecia una larguísima a la vez que fructífera relación con el Conservatorio del Ospedale della Pietá, institución con la que estará en contacto más o menos regular por espacio de 36 años. Allí compondrá la mayor parte de sus obras, que suman la asombrosa cantidad de 454 conciertos, según las últimas investigaciones. No obstante, la mayor parte de estas composiciones permanecieron ignoradas hasta el primer cuarto del siglo XX, cuando se logró recopilar 300 manuscritos autógrafos más nueve óperas y un bello oratorio.

Antonio Vivaldi (1678 - 1741)
Il cimento dell'armonia e dell'invenzione
De más está decir que sólo una ínfima parte de esta inmensa obra fue publicada en vida del autor. Excepción a ello fueron los doce conciertos que componen la colección Il Cimento dell'armonia e dell'invenzione, publicados en Amsterdam en 1725, y cuyos cuatro primeros conciertos se han hecho famosísimos con el título de Las Cuatro Estaciones.

Vivaldi recurre aquí, quizá por primera vez en el conjunto de su obra, a la imitación de la naturaleza como reflejo de una de las tendencias básicas de la cultura iluminista, en el entendido de que imitación de la naturaleza significa aquí "imitación de la naturaleza humana", es decir, la traducción en música de impresiones humanas sensibles.

Constituyen los primeras incursiones en la llamada "música programática" que tendrá una notable presencia durante el siglo romántico por venir.
Los cuatro conciertos ya señalados son: La Primavera, El Verano, El Otoño y El Invierno, todos escritos para violín solista, orquesta de cuerdas y clavecín, y estructurados en tres movimientos: rápido - lento - rápido.

Se presenta aquí el Concierto en Fa mayor, El Otoño, en versión de la violinista alemana (y también pianista) Julia Fischer, acompañada de la agrupación londinense Accademy of St Martin in the Fields. (El video, excelente, aunque algo falto de rigor, incluye a su término los primeros compases de El Invierno).

Movimientos:
00       Allegro
04:48  Adagio molto
07:11  Allegro pastorale


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