domingo, 21 de mayo de 2017

Manuel M. Ponce: "Concierto del Sur"


En la década de 1920, los trabajos del compositor mexicano Manuel M. Ponce eran ampliamente conocidos en los países latinoamericanos, y su renombre crecía año a año. Sin embargo, luego de dirigir por un par de temporadas a la Orquesta Sinfónica Nacional, estimó que su estilo de composición requería lo que hoy llamaríamos un "up grade". Por esa razón, en 1925, se largó nuevamente a Europa (había estado en Berlín a principios de siglo), instalándose esta vez en París donde permaneció por ocho años perfeccionando sus conocimientos bajo la guía de Paul Dukas. A su regreso a México, el maestro combinaba con maestría el impresionismo francés con las técnicas contrapuntísticas del neo-clasicismo.


Gira por Latinoamérica
En tal condición, de maestro de reconocido prestigio en plena madurez creativa, el compositor apuntó en 1941 a Latinoamérica, luego de recibir una invitación de su amigo Andrés Segovia, quien, desde 1936 se había establecido en Montevideo. Entre agosto y diciembre de ese año el maestro realizó una gira por Montevideo, Buenos Aires y Santiago de Chile. Era la primera vez que en esas capitales se escuchaba música sinfónica mexicana en sus escenarios. Cuatro conciertos presentó el autor con un buen número de obras orquestales propias dirigidas por él mismo. Pero el foco principal estaba puesto en el estreno, mundial, del Concierto del Sur para guitarra y orquesta, dedicado, como tantas otras obras, al virtuoso de la guitarra español.

Concierto del Sur
Manuel M. Ponce (1882 - 1948)
El concierto tuvo una elaboración algo trajinada. Segovia y Ponce se habían conocido en 1923, iniciando desde entonces una sólida amistad y colaboración. Según cuenta Segovia, ya en la primavera de 1926 el maestro Ponce había comenzado a trabajar en la gestación de los temas principales del concierto pero los avatares de la vida de ambos fueron posponiendo su concreción definitiva. Fue a raíz de una presentación de Segovia en México –donde Ponce dirigió al virtuoso en el concierto de Castelnuovo-Tedesco– que el compositor decidió retomar con nuevos ímpetus el trabajo largo tiempo pospuesto, dándolo por finalizado en el otoño de 1941.

El estreno
Se realizó en Montevideo el 4 de octubre de 1941 con Segovia en la guitarra, como era de esperarse. El programa incluía otras obras del maestro Ponce, las que fueron dirigidas por él, pero para el Concierto dejó la batuta en manos del maestro uruguayo titular de la orquesta acompañante, y se fue a ubicar en el "palco de Paquita [esposa de Segovia] a escuchar mi concierto". Una ovación delirante saludó la première mundial. Ponce y Segovia hubieron de salir numerosas veces a recibir el aplauso del público obligando a los músicos a repetir el final del Concierto. Al día siguiente, una publicación montevideana señaló que "el éxito alcanzado ayer por el maestro Manuel Ponce perdurará por mucho tiempo en estas tierras del Plata".

Movimientos
Estructurado en tres movimientos, el concierto trasluce una apreciable influencia de la música del sur de España (de ahí su título), principalmente en los movimientos segundo (influencia andaluza) y tercero (de especial estilo sevillano).

00:00  Allegro Moderato
13:58  Andante
21:17  Allegro Moderato e Festivo

La versión es del artista polaco Marcin Dylla, acompañado de la Taipei Symphony Orchestra dirigida por Chun-ching Chiu.


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sábado, 13 de mayo de 2017

Vivaldi: Concierto para mandolina


Sabido es que Vivaldi se benefició de la abundante presencia de diestras chicas que tocaban el violín en el Ospedale della Pietá, en Venecia, donde a partir de 1703 dio clases de canto y violín por cerca de 36 años, aunque con reiteradas y a veces prolongadas ausencias. Para ellas, sus alumnas, compuso más de doscientas obras para violín. Pero si se trataba de buscar intérpretes de algún otro instrumento solista, la oferta era más limitada. Mucho más todavía si los intérpretes requeridos lo eran de mandolina, instrumento creado, y extendida su construcción, recién en la Italia del siglo XVII.


Por esta razón, quizá, il prette rosso escribió solo dos obras que contemplan mandolina. Una, escrita para dos mandolinas, cuerdas y continuo en Sol mayor. La otra, aquella que ha concitado el mayor favor de los intérpretes, el Concierto para mandolina y cuerdas en Do mayor. (Debe ser más sencillo encontrar un mandolinista que dos, aventuro). Su fecha de composición se sitúa alrededor de 1725, un año muy fértil y provechoso para el maestro, próximo a cumplir cincuenta años. Entre otras creaciones de la época, sobresale espléndidamente ese año la composición de las celebérrimas Cuatro Estaciones.

Concierto para mandolina, cuerdas y continuo, RV 425 (*)
Aunque la parte solista no es extraordinariamente exigente, su cuidada armazón revela que el maestro Vivaldi se manejaba tan bien con el lenguaje "mandolinístico" (discúlpese la expresión) como lo hizo con sus cientos de obras para violín, instrumento del que sí fue intérprete, y muy notable.
La popularidad de la obra se vio favorecida en nuestros tiempos por la inclusión de sus dos primeros movimientos en la banda sonora de la película de 1979, Kramer vs. Kramer. La película incluye asimismo pasajes del concierto en Sol, con similares frutos.
(*) RV: Ryom Verzeichnis, Catálogo Ryom, compilación de las obras de Vivaldi publicada en 1973 por el musicólogo danés Peter Ryom.

Movimientos:
Estructurado en la típica secuencia rápido-lento-rápido que hará furor durante los próximos ciento cincuenta años, son sus partes:
00:00  Allegro
03:00  Largo
05:29  Allegro

La versión es del intérprete israelí Avi Avital, acompañado de la agrupación Orquesta Barroca de Venecia.


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jueves, 11 de mayo de 2017

Julius Fučík: "Entrada de los Gladiadores"


El compositor checo Julius Fučík es hoy casi un desconocido, incluso para aquellas personas que muestran una cultura musical media, entre las que, con audacia, me cuento. Pero a la vez, resulta impensable que su obra de mayor renombre no haya sido escuchada alguna vez por cualquier mortal en esta parte del mundo, en Occidente, digo. Sobre todo, si el cándido auditor vivió una infancia convenientemente placentera, y acudió en más de una ocasión a presenciar las cabriolas, piruetas, acrobacias y payasadas de los integrantes del circo que realizaba una tournée por su pueblo, o su barrio.


Julius Fučík es el autor, efectivamente, de la popularísima marcha militar Entrada de los gladiadores, que en su catálogo ocupa el opus 68, aunque nadie la recuerde por ese nombre ni menos la identifique con su número de opus. Fue compuesta en 1897, mientras el autor se desempeñaba como director de la banda militar del 86° Regimiento Austro-Húngaro, con asiento en Budapest. El título responde a la afición del autor por el Imperio Romano y su época.

Julius Fučík (1872 - 1916)
Nacido en Praga en 1872, Fučík estudió violín y fagot en el Conservatorio de Praga, donde tuvo como profesor de composición a Antonin Dvorak. Autor de casi trescientas marchas (incluida la menos conocida pero brillante Florentine March), también escribió música de cámara y música sacra, incluido un Requiem.
Pero su vida profesional la desarrolló en el campo de la dirección de bandas militares, si bien como compositor logró un justo reconocimiento cuando despuntaba el siglo XX. Víctima de un cáncer, el compositor murió prematuramente a los 44 años.

La inolvidable pieza es hoy escuchada también, de cuando en cuando, en "paradas", o desfiles militares (especialmente en EEUU). Pero su sempiterno recuerdo nos viene de su ejecución, con vientos y metales, en los circos, principalmente para anunciar la entrada de los payasos, ocasión en que se acostumbra tocarla mucho más rápido. Sin embargo, seamos justos con Fučík y anotemos que la perenne marcha también se escucha en salas de concierto, aunque a veces se le sume un detalle pretendidamente cómico.

En arreglo de Clark McAlister, y con Carlos González en la dirección, la versión es de la banda Wind Ensamble Spring Concerts, de una escuela secundaria de Virginia, EEUU.


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lunes, 8 de mayo de 2017

Boccherini: Quinteto para guitarra y cuerdas No 4, "Fandango"


Sorprendentemente, Luigi Boccherini (1743 - 1805) practicó y disfrutó de una suerte de globalización en estado larvario cuando, alrededor de 1790 e instalado en Madrid, comenzó a escribir música para el príncipe Federico Guillermo de Prusia quien, como es de suponer, estaba en Berlín. Allá debía hacer llegar Boccherini la música de cámara que el príncipe le solicitaba. Melómano de vasta cultura, y cellista como Boccherini, el príncipe estaba al tanto de las penurias que aquejaban al compositor luego de la muerte de su protector el infante Don Luis, y había decidido dar su apoyo al músico aunque ello significara recibir con retraso en Berlín las obras compuestas por Boccherini en Madrid.

Más tarde, el príncipe se hará rey y se convertirá en Federico Guillermo II de Prusia. Pero habrá de morirse en 1797 y con ello se acabará el contrato de música a pedido. El maestro, por su lado, perderá a su mujer (su segunda esposa) y tres hijas. No obstante continuar componiendo para una noble familia madrileña, y recibir cierta asistencia del embajador francés en España, hermano de Napoleón, la vida comenzó a ponerse cuesta arriba para el maestro italiano.

Pero Boccherini aguzará el ingenio y, consciente de la débil disposición del público madrileño hacia las sutilezas de cuartetos y quintetos de cuerdas, al final de sus días se abocará a la transcripción para guitarra y cuerdas de un buen número de obras anteriores, principalmente sus quintetos para cuerdas, o quintetos con piano. Es el origen de su serie de doce obras para guitarra y cuerdas, de las que hoy solo se conservan nueve. Aun así, constituyen la serie más extensa dedicada a la guitarra en conjunto con otros instrumentos. La necesidad hizo el milagro.

Quinteto para guitarra y cuerdas No 4 en Re mayor, "Fandango"
Compuesto en 1798, está construido a partir de dos quintetos de cuerdas bastante anteriores, uno de 1788 y otro que ya cumplía casi treinta años, de 1771 (misma fecha del quinteto que contiene el célebre "minueto de Boccherini"). La guitarra ha tomado aquí el papel de una de las violas. El tercer movimiento incluye un fandango, y de ahí su nombre popular.

Movimientos:
00:00  Pastorale  Una delicada y suave melodía fluye mientras la guitarra acompaña susurrando.
04:20  Allegro maestoso  El cello toma la iniciativa (era el instrumento de Luigi); la guitarra en un rol algo secundario.
10:48  Grave assai - Fandango  Después de una introducción reservada y juiciosa, comienza la danza española cuyo ritmo no decae mientras los instrumentos toman la melodía, uno tras otro.

La versión está a cargo de la artista Maria Efstathiou, acompañada por miembros de la orquesta suiza Lucerne Symphony Orchestra, identificados debidamente en el video.


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sábado, 6 de mayo de 2017

Bruckner: Sinfonía No 8 - Mov. 4: Finale


Anton Bruckner escribió sus ocho sinfonías (más tres movimientos de una novena) en un momento de la historia de la música en que la medida del "genio" romántico parecía descansar en la extensión de sus obras, fundamentalmente las del género sinfónico. A las brevísimas "sinfonías" del modelo original italiano (4 o 5 minutos), pasando por los 15, o 20, o 30 min –según la época– de Mozart o Haydn, hasta los 55 de la Novena de Beethoven, le siguieron las monumentales obras de Berlioz (Sinfonía Fantástica, 1830, casi una hora), Liszt ("Fausto", 1857, cerca de dos horas), y la No 8 de Bruckner, de 1892, que puede llegar a la hora y media. (En el nuevo siglo, en 1902, Mahler igualará a Bruckner, con su Tercera Sinfonía).


Son los hitos del romanticismo sinfónico, temprano, medio y tardío, como puede apreciarse. Anton Bruckner entre ellos. Sin embargo, sus cuarenta años de actividad creativa no permitían presagiar que pudiera ser parte de la lista. El reconocimiento, de público y crítica, encontrará a Bruckner cumpliendo sesenta años, en 1884, luego del estreno de su Séptima Sinfonía, un exitazo.
Una personalidad sencilla, Bruckner nació en el pueblo de Ansfelden, Austria, en septiembre de 1824. Pasó sus primeros años de carrera como organista en Linz, y logró ser admitido en el Conservatorio de Viena recién en 1861. Siete años después, sin embargo, accedió allí a un puesto como profesor de órgano y contrapunto.

Anton Bruckner, al fin reconocido
(1824 - 1896)
El reconocimiento fue tardío, qué duda cabe. Su toma de posición "pro wagneriana" en el traído y llevado dilema Wagner - anti Wagner de la época, le había traído detractores, pero no es menos cierto que al compositor le aquejaba una baja autoestima que se vuelve manifiesta si apuntamos al desconcertante número de revisiones a que sometió gran parte de su obra. Escribir y reescribir se convirtió en una manía que el autor llevó al extremo con la Octava Sinfonía, al punto de que hoy existen al menos tres versiones de la obra, las tres, igualmente genuinas, si cabe el término.

Pero el estreno, en Viena, 1892, fue espectacular. Tanto o más del que se vio con ocasión de la Séptima, aquella que significó la consagración. Tal proeza obligó al irritante crítico de la época Eduard Hanslick a escribir, aunque con reparos, que "la galería agitaba pañuelos, pidiendo la vuelta al escenario. Un triunfo indesmentible para Bruckner, pero es dudoso si Richter [el director] dejó conforme a su público: el programa parece haber sido presentado solo para una minoría ruidosa". Por otro lado, el compositor Hugo Wolf llamó a la sinfonía: "la creación de un gigante, que supera en dimensión espiritual y magnitud a todas las demás sinfonías del maestro". No le faltaba razón a Jean Sibelius cuando, alrededor de 1905, recomendó no prestar atención a lo que los críticos dicen, porque "nunca se ha levantado una estatua a un crítico".

Sinfonía No 8, en Do menor - Mov 4: Finale
Los noventa minutos enhebran cuatro movimientos: 1. Allegro moderato  2. Scherzo. Allegro moderato - Trio  3. Adagio  4. Finale. Su gran extensión sobrepasa la buena disposición de un melómano para escuchar música en un sencillo blog, creemos. Por ello hemos optado por ofrecer aquí solo su movimiento más admirable, el que muestra la mayor grandeza, el Finale, cuya coda en Do mayor, por lo demás, revisita los temas iniciales de los cuatro movimientos.

La versión es de la NDR Sinfonierchester conducida por el ya fallecido director alemán Günter Wand.


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miércoles, 3 de mayo de 2017

Mozart: Concierto No 9, "Jeunehomme"


Los primeros intentos de Mozart en la composición de conciertos para teclado se remontan a 1767, cuando el maestro contaba once años. Desde luego, el pequeño compositor avanzaba a tientas, y así lo muestra el hecho de que sus primeros empeños exhiben sin recato el sello del "pastiche", forma habitual en la época de crear música, sin asomo de connotación negativa que, en pocas palabras, consistía en tomar alguna sonata de cualquier otro compositor (Mozart lo hizo notablemente con las de Johann Christian Bach) y agregarles un escrupuloso y conveniente acompañamiento orquestal.


Mozart "maduro"
El primer concierto por entero original es el No 5, de fecha "tan tardía" como 1773 (con la expresión entrecomillas queremos resaltar la diferencia con el corpus sinfónico, pues a esa altura el joven maestro ya había compuesto cerca de 30 sinfonías). Cuatro años más tarde verá la luz el primero de los conciertos considerados "de madurez" por los estudiosos: el Concierto No 9 en Mi bemol, compuesto en Salzburgo en enero de 1777, fecha en que Mozart celebraba sus veintiún años, justo cuando por obra de su genio alcanzaba la mayoría de edad como compositor.

"Jeunehomme"
Durante un largo periodo el Concierto No 9 fue conocido como Jeunehomme, pues eso parecía leerse en el manuscrito como dedicatoria. Se trataría de una joven pianista francesa así apellidada que alguna vez visitó Salzburgo y conoció a Mozart. El equívoco duró años. Recién en 2004 el musicólogo Michael Lorenz, erudito en Mozart, demostró que el nombre verdadero correspondía a Victoire Jenamy, hija de un artista amigo de Mozart. El compositor había conocido a Victoire en su viaje a Viena de 1773, cuando en compañía de Leopold buscaba afanosamente otra corte, más glamorosa que Salzburgo.

Concierto para piano No 9 en mi bemol mayor, K. 271
Es el primero de sus conciertos que va a publicarse, en París, alrededor de 1780. Mozart lo tenía en gran estima, y lo llevó con él en su travesía por Mannheim y París en 1777-78, con el propósito de mostrar sus habilidades y competencias en el género como compositor e intérprete.
Sus movimientos son los típicos tres "vivaldianos", pero su extensión ya presagia a aquella propia de las obras románticas.

Movimientos:
00:00  Allegro
11:56  Andantino
23:45  Rondeau: Presto - Menuetto: Cantabile - tempo primo
          (Preguntaréis ¿por qué tanto detalle en la indicación de tempo? Aquí va la razón: El movimiento es un rondó, una de cuyas repeticiones o variantes es un minueto (28:21); el tempo inicial del rondó es presto; el minueto, en cambio, es cantabile; acabado el minueto se retomará el tempo primo, es decir, aquel del inicio del rondó).

La versión es de la virtuosa portuguesa Maria João Pires, acompañada por la Filarmónica de Berlín bajo la conducción del maestro británico Trevor Pinnock.


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lunes, 1 de mayo de 2017

Chopin: Polonesa "trágica", opus 44


Pese a que todo el mundo escribió polonesas (las hay de Telemann, Mozart y Schubert, y continuarán la senda Mussorgski y Tchaikovski) las más célebres y destacadas se deben a la inspiración de Chopin. Parte importante de la vida del compositor polaco fue ocupada por la creación de obras en la forma polonesa. La primera fue escrita a los siete años; la última, en 1846, tres años antes de su muerte. La que hoy nos ocupa fue escrita en 1840 y publicada en París al año siguiente. Alguna vez fue llamada "polonesa trágica" pero ya no parece necesario tan calamitoso epíteto. A fin de cuentas, se trata de una danza. Por añadidura, el año 1841 había iniciado para Chopin una de sus más fructíferas y provechosas épocas.


A pesar de su nombre, es una pieza "compuesta", es decir, mixta, pues del modo más imprevisto Chopin inserta un tempo di mazurka en el mero centro de la pieza. Su amigo Liszt se verá gratamente sorprendido por tal ocurrencia y así lo señalará en una reseña de su audición en París. En su habitual estilo florido, anotará que: "... En las páginas de los mayores compositores no hemos visto nada análogo a la impresión producida por este pasaje, interrumpido bruscamente por una escena campestre, por una mazurca de un estilo idílico, que tiene la fragancia de la menta y del orégano".

La obra está dedicada a la menor de las hermanas Komar, prominentes damas de la comunidad polaca emigrada a París, y entusiastas amigas del arte en todas sus formas. Para la época, sin embargo, las hermanas ya no se apellidan así. Ludmila, dedicatée de la Polonesa, es ahora la princesa Ludmila de Beauvau pues ha casado recién con Charles-Just de Beauvau-Craon. Su hermana Delfina, aunque divorciada de su conde Potocki, será todavía reconocida como Delfina Potocka. Para ella también habrá una atención (es su alumna): Chopin le dedicará en 1847 su popular "Vals del Minuto".

Polonesa en Fa sostenido menor, opus 44
Tres claras secciones, precedidas por un encendido crescendo, se distinguen en la organización de la pieza:
00:20  La polonesa propiamente tal, marcial, altiva, provocadora.
03:00  Un largo episodio en triples corcheas, que parece simular un redoble de tambores.
04:35  En el centro, la imprevista mazurka, insertada por Chopin en el corazón de un trozo vehemente. Gracias a su genio, este intermedio conducirá a la reanudación de la introducción (7:50) y del primer tema rítmico (8:01).
En palabras de Liszt, la pieza termina "con un sombrío murmullo que deja el alma atrapada en un manto de desconsuelo". De allí, tal vez, la connotación trágica que se comentó al inicio.

La versión, impecable, es del pianista canadiense Charles Richard-Hamelin.


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sábado, 29 de abril de 2017

Silvestre Revueltas: "Sensemayá"


"Sensemayá" es un poema sinfónico del compositor mexicano Silvestre Revueltas inspirado en unos versos del poeta cubano Nicolás Guillén, que llevan ese título acompañado de la apostilla "canto para matar una culebra". Escrito originalmente para grupo de cámara en 1937, un año después el autor transcribió la obra para orquesta de vientos y cuerdas a los que se suma la participación de ni más ni menos que catorce instrumentos de percusión. Paradigma de la complejidad rítmica, es la obra más interpretada del autor en el mundo entero y constituye un punto culminante de su producción musical, a la que dedicó tan solo los últimos diez años de su corta vida.


Efectivamente, Revueltas comenzó a componer "en serio" a partir de los treinta años. Nacido en un municipio del estado de Durango en 1899, comenzó sus estudios de violín a los ocho años, y ya adolescente terminará su formación musical en violín y composición en los Estados Unidos. Antes de comprometerse con la creación musical, y establecido en el país del Norte, visitó México en múltiples oportunidades ofreciendo recitales hasta que en 1929 su paisano Carlos Chávez le invitó a hacerse cargo del puesto de director asistente en la Orquesta Sinfónica de México, que Chávez acababa de crear y de la cual era su director.

Silvestre Revueltas (1899 - 1940)
En ese puesto permaneció hasta 1935, cuando se produce la ruptura entre ambos artistas. Revueltas, músico e intelectual, defensor de los derechos de los músicos y los trabajadores, optó por crear su propia orquesta, la que tuvo corta vida. Intensificará entonces su actividad como compositor, aunque sin agitarse mucho por difundirla: durante su vida publicó muy poco, prácticamente nada. A su muerte, era virtualmente desconocido fuera de México. Sus últimos años están marcados por el desaliento y una consiguiente dipsomanía que le llevó a pasar temporadas internado en sanatorios.

Considerado hoy uno de los músicos más originales del siglo XX, Silvestre Revueltas murió pobre y en el olvido. Pero no para todos. El poeta chileno Pablo Neruda asistió a la ceremonia fúnebre y leyó ahí un poema a él dedicado que más tarde formará parte de su monumental Canto General. El "oratorio menor" –así lo llamó Neruda– termina con estas palabras:
Ahora son las estrellas de América tu patria
y desde hoy tu casa sin puertas es la Tierra 

La obra
A partir de 1930, Silvestre Revueltas produjo más del noventa por ciento de su catálogo, que incluye piezas orquestales, música vocal, de cámara y para el teatro. Asimismo, alrededor de 1935 incursionó con éxito en música para el cine (el mexicano, naturalmente), género donde sobresale la banda sonora de la película de denuncia social Redes. Es autor de seis poemas sinfónicos, el último de ellos, Sensemayá, de algo más de siete minutos de duración, y que por su eficacia para ilustrar musicalmente una ceremonia (el rito cubano de matar a una serpiente) ha sido comparado con lo que, respecto de la Rusia pagana, logró Stravinski con La Consagración de la Primavera.

La versión es de la Filarmónica de Berlín bajo la dirección del destacado maestro venezolano Gustavo Dudamel.


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miércoles, 26 de abril de 2017

John Field: Nocturno No 5


Compositor y pianista irlandés, John Field estaría hoy completamente olvidado si no fuera porque alrededor de 1800, después de probar diversas denominaciones (pastoral, serenata, o romanza), acertó con la palabra "nocturno" para designar un nuevo género pianístico del cual es, incuestionablemente, su creador. En tiempos en que la música para piano abundaba en sonatas, tema y variaciones, fantasías, rondós, o fugas, John Field desarrolló una "forma" que ponía el acento en la sensibilidad y la expresión antes que en el desarrollo temático. El resultado: unas miniaturas conmovedoras que pavimentaron la senda por la que transitarán generaciones de compositores románticos: Frédéric Chopin, su representante más destacado.


Nacido en Dublín en 1782, el joven Field hizo su debut a los nueve años. Al año siguiente, su familia se mudó a Londres. Allí, su padre violinista logró contactar al compositor y pianista virtuoso Muzio Clementi, quien por esos años se había orientado a la fabricación de pianos. Field permaneció bajo su alero por más de quince años, en la doble condición de pupilo como en la de "demostrador" de las bondades de los Pianos Clementi. La relación continuó hasta 1803, cuando luego de recalar ambos en San Petersburgo por viaje de negocios, Field decidió no regresar. Tal como en Londres en los años previos, en las más importantes ciudades rusas replicó su éxito como pianista y compositor. Convertido en un personaje algo extravagante, pasará en Rusia sus últimos años, disfrutando de su celebridad y de la holgura económica que ésta trajo consigo (de ahí la extravagancia).

John Field, alrededor de 1820
(1782 - 1837)
Desde luego que Field no compuso solo nocturnos. Su primer concierto para piano lo estrenó en 1799, cuando contaba dieciséis años. Le seguirán otros seis, más una buena cantidad de música para piano solo o en combinación con otros instrumentos. Pero hoy, solo sobrevive su serie de 18 nocturnos compuestos en un periodo de alrededor de 25 años, desde los tres primeros de 1812 hasta los dos últimos de 1836. La serie completa despliega lo que podría llamarse "el sello Field": simplicidad melódica y armónica, capaz, sin embargo, de sustentar contenido emocional. Ya lo hemos dicho, su música no sobrevivió a su muerte. Pese a ello, suponemos que Chopin le habrá quedado eternamente agradecido.

Nocturno No 5 en Si bemol mayor
Como acontece con la serie completa, es de carácter calmo y soñador. Una línea melódica de libre dibujo es acompañada por acordes arpegiados de la mano izquierda.
Los grandes virtuosos de hoy ya no tocan a Field, por más que hoy esté asegurado su legado como figura seminal del piano romántico. Parece no bastar.
La versión es de la niña pianista Tonya Lebedeva. Su ejecución, dicho sea de paso, nos permite apreciar una técnica pianística relativa a la calidad del sonido producido. El alumno debe pulsar la tecla y luego levantar el codo. Rubinstein, según recuerdo, hacía mofa de esta técnica, señalando que el sonido se produce al presionar la tecla, de modo que levantar luego el codo no tiene sentido alguno. En todo caso, con la pequeña pianista la técnica parece funcionar a la perfección. Su sonido es impecable.


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jueves, 20 de abril de 2017

Haydn: Concierto para trompeta


Anton Weidinger, trompetista de la orquesta de la corte de Viena a fines del siglo XVIII, no se sentía cómodo con el instrumento de aquel tiempo, que no era capaz, por ejemplo, de producir los sonidos de una escala cromática, aquella que incluye los semitonos. Ante limitación tan severa, dedicó unos buenos años a encontrar una solución, logrando en 1792 la invención de una trompeta provista de llaves que le permitía producir semitonos. El invento traía consigo cierto menoscabo en la calidad de su timbre pero el instrumento podía cantar melodiosamente, tanto como un clarinete, o una flauta.
Amigo de Joseph Haydn, solicitó Weidinger al viejo maestro austriaco la composición de un concierto con el cual probar su nuevo instrumento.


Por aquellos años Haydn había dejado de prestar servicios en los palacios de la familia Esterházy (con quienes permaneció 30 años). Y sus últimos afanes los dedicaba a la producción de grandes trabajos corales (el oratorio La Creación, entre ellos) antes que a la elaboración de piezas para instrumento solista. Pero se sintió intrigado por la solicitud de Weidinger y para el otoño de 1796 había terminado de componer el Concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol mayor, el único concierto que el maestro compuso para este instrumento, y a la vez, el primero escrito para una trompeta capaz de ejecutar cromatismos.

Escrupuloso instrumentista, el trompetista Weidinger dedicó cuatro años a practicar su invento con obras menores hasta que se sintió capaz de abordar la novedosa contribución al repertorio surgido del magín de Haydn. Así, el concierto para solista más célebre del maestro fue estrenado en el Burgtheater de Viena el 22 de marzo de 1800 con Weidinger a cargo de la trompeta, como era de prever. Se trató de un exitoso estreno, sin embargo, el manuscrito no se publicó nunca en vida del autor. Tampoco después. Desapareció durante décadas, hasta que fue redescubierto a fines del siglo XIX por un trompetista de la Orquesta Sinfónica de Chicago. (Su primera grabación data recién de 1938.)
Por su parte, la invención de Weidinger fue superada en época tan temprana como 1813, con la invención de la trompeta de tres pistones, germen de la actual en uso en las orquestas sinfónicas.

Movimientos
Espléndidamente orquestado, el concierto sirve en plenitud a las nuevas capacidades técnicas del instrumento, en sus tres movimientos: en el Allegro, con un nuevo stock de notas en el registro bajo; en el segundo movimiento, expone su potencial lírico y expresivo; el último, permite al solista exhibir toda su destreza con los nuevos efectos técnicos.
00:00  Allegro
06:41  Andante
09:48  Finale. Allegro

La versión, excelente, es del trompetista de jazz (y harto más, según se ve) Wynton Marsalis, muy joven, acompañado por la Boston Pops Orchestra conducida por el genial compositor de música para el cine, John Williams.


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jueves, 13 de abril de 2017

Mozart: Concierto para trompa, K. 447


La trompa, o corno francés, es uno de los instrumentos de viento que el niño Mozart escuchó más de una vez en casa, en Salzburgo, cuando Leopold se reunía con sus amigos para hacer música de cámara. Desde entonces le encantó su timbre, que junto a la flauta o el oboe, le resultaban más "pastorales" que el clavecín o incluso que los instrumentos de cuerda. Y desde aquella época, también, data su cercanía con Joseph Leutgeb, el "trompeta" (así se llamaba el tocador de trompa) más habilidoso de su tiempo, invitado fijo en las veladas que Leopold organizaba en su casa de la calle Getreidegasse.


A Leutgeb están dedicados los cuatro conciertos para trompa que Mozart compuso en Viena entre 1783 y 1791. El trompeta había abandonado su puesto en la orquesta de la corte de Salzburgo en 1771 para iniciar en Viena, a sus cuarenta años, un "emprendimiento" comercial, una tienda especializada en quesos y comestibles afines, según se cuenta, aunque sin renunciar del todo a la música. La aventura fue financiada parcialmente por Leopold mediante un préstamo que Leutgeb nunca pudo pagar, pese a los continuos recordatorios de la deuda que Mozart leía en las cartas que recibía de su padre. El trompeta había fracasado, irremisiblemente, pero Wolfgang estuvo allí para apoyarlo y regresarlo a la música.

La amistad y el cariño profesado eran grandes. Pero ello no quita que, en la vena que caracterizó al genio salzburgués desde niño, se burlara sanamente –si es posible así decirlo– del emprendedor fracasado. Sorprenden, por decir lo menos, las singulares invectivas en italiano que Mozart se permitió intercalar en las páginas autógrafas de los cuatro conciertos. Le llamó de mil maneras: seccatura di coglione, trillo di pecore, porco infame, son algunas de ellas. Leutgeb no lo tomó a mal. Comprendía que el hijo genial de su amigo Leopold se divertía con él, no a sus expensas.

Concierto para trompa No 3 en Mi bemol mayor, K. 447
Los cuatro conciertos para trompa (más un quinteto que compuso después para trompa y cuerdas - K. 407) son obras maestras para el instrumento, brillantes y sólidas, que enriquecieron la música para trompa, no muy abundante en la época. El concierto K. 447 en Mi bemol mayor es el tercero que Mozart compuso para Leutgeb. Sus partes solistas abundan en pasajes que son todo un desafío para el intérprete, más aún si se considera la precariedad del instrumento de la época.

Movimientos:
00:00  Allegro
08:10  Romanza. Larghetto
12:54  Allegro

La versión es del instrumentista checo Radek Baborák, acompañado por la Orquesta RTVE, conducida por el director francés de origen ruso, Jean Jacques Kantorow.


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viernes, 7 de abril de 2017

Stravinski: Petrushka - Tres Movimientos


Para un compositor ruso, temporalmente asentado en París en 1921 y enfrentado a los rigores de la posguerra, no era nada desdeñable la oferta de cinco mil francos por la composición de una obra para piano. Esa fue la suma que el virtuoso Arthur Rubinstein prometió a Igor Stravinski por una pieza de carácter ruso donde pudiera desplegar su grandiosa técnica.

Stravinski recordó los trozos que había hilvanado en 1911 para una pieza orquestal con participación destacada del piano, que había reorientado hacia un ballet a instancias del empresario ruso Sergei Diaghilev. Esos bosquejos y extractos del ballet terminaron por conformar la pieza para piano solo Tres Movimientos de Petrushka, diez años después del debut del exitoso ballet que tiene como protagonista a Petrushka, la marioneta que cobra vida, en la tradición rusa.

Rubinstein, el dedicatario de la obra, quedó altamente complacido con ella, interpretándola en numerosas ocasiones porque, desde luego, también tenía el propósito de dar a conocer la obra pianística del compositor ruso, a quien, hasta hoy, no logramos relacionar fácilmente con la escritura para piano no obstante haber sido Stravinski un pianista de enorme talento que, durante gran parte de su vida adulta consagró la mitad de cada año a dar conciertos y la otra mitad a la composición.

Y ya previo a la empresa que culmina con los Tres Movimientos, el futuro autor de La Consagración de la Primavera y de El Pájaro de Fuego, había sorprendido a los círculos musicales a sus veinte años con una sonata para piano, en 1903. Luego vendrán, en 1908, los Cuatro Estudios del opus 7 que ya muestran madurez y un lenguaje pianístico lleno de promesas. Pero la gran y nueva aportación al piano llegará en 1921 con esta "reducción" genial del ballet Petrushka, plagada de dificultades, y que pese a los cerca de cien años transcurridos desde su invención, se sitúa todavía hoy entre las obras más "espectaculares" del repertorio pianístico.

Tres movimientos de Petrushka
La obra es reconocida por sus enormes dificultades técnicas y musicales que, casi sin respiro, capturan sus tres movimientos con gran despliegue de polirritmia, extensos y rápidos saltos, velocísimas escalas, amén de glissandos y trémolos por doquier. Sus partes son:
00:00   No 1  Danza rusa
02:29   No 2  Con Petrushka
06:48   No 3  Semana de carnaval

La versión, deslumbrante, es de la extraordinaria pianista de origen chino, Yuja Wang.


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viernes, 31 de marzo de 2017

Beethoven: Sinfonía No 1 en Do mayor


Beethoven compuso su primera sinfonía a los 30 años, edad en la que Mozart había compuesto la mayoría (alrededor de 33) de sus 41 sinfonías; el propio Schubert, también, falleció a los 31 años dejando una colección de nueve sinfonías muy respetable. Lo que instala las distancias es que aquello que el maestro de Bonn se aprestaba a realizar en el género era monumental. En la Primera Sinfonía (también en la segunda) su escritura estará todavía marcada por la estética clásica de fin de siglo, pero con ella viene ya un nuevo aire que eclosionará cuatro años más tarde con la Tercera Sinfonía, llamada Eroica. De ahí en adelante, no habrá parangón.


Pero tampoco hay que dramatizar. Se ha insistido a menudo en el particular inicio de la Sinfonía en Do mayor –otorgándole el carácter de osadía revolucionaria, o premonición–, porque abre con una tonalidad distinta a la tónica. Efectivamente, el adagio introductorio comienza en Fa en vez de Do mayor (algo más precisamente, la obra abre con una séptima de Do que inmediatamente resuelve en Fa). Pero siendo esa una característica de las últimas obras de Haydn, creemos que la finalidad de su aplicación por parte de Beethoven responde más bien a una suerte de homenaje al maestro, a su maestro, a quien veneraba, antes que a cualquier otro motivo de corte revolucionario.

La obra fue compuesta en Viena, entre 1799-1800, y estrenada en el Burgtheater el 2 de abril de 1800. Ya ha escrito Beethoven sus primeros dos conciertos para piano y un par de cantatas, pero el maestro es conocido más como pianista virtuoso que como compositor. Ésta, su primera sinfonía, es la obra que señalará la senda por la que transitará hacia la composición de las grandes obras puramente orquestales.
Y lo hace en medio del dolor. Aquel que nace al enterarse de que su creciente sordera posiblemente no tenga cura. Así lo cuenta en carta a su amigo Karl Amenda, de junio de 1800, dos meses después del estreno:
"[...] Debes saber que la más noble parte de mi ser, mi oído, ha declinado grandemente; cuando estuviste conmigo, tuve ya algunos atisbos de este mal, pero preferí no decir nada; y ahora, este pesar ha crecido convirtiéndose en algo peor e irremisible. Si resulta curable o no, es algo que está por verse; me dicen que lo que me ocurre se debe a la condición de mis intestinos. A este respecto, estoy casi totalmente curado. Si a causa de ello mi sentido del oído ha de mejorar, no lo sé, pero me cuesta creerlo, estas afecciones son las más incurables. [...] Te pido que consideres el asunto de mi oído como un gran secreto y que no se lo confíes a persona alguna. [...] Escríbeme más seguido. [...] Tus cartas me hacen bien."
Dedicada al barón Gottfried von Swieten, amigo de Mozart y Haydn, y entusiasta protector de Beethoven en sus primeros años en Viena, la obra fue publicada en Leipzig a fines de 1801.

Movimientos:
00       Adagio molto. Allegro con brio
10:33  Andante cantabile con moto
17:07  Menuetto – Allegro molto e vivace
20:33  Finale – Adagio, allegro molto e vivace

La versión es de la West-Eastern Divan Orchestra bajo la conducción de Daniel Barenboim, desde el Royal Albert Hall de Londres (BBC - Proms 2012)


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lunes, 27 de marzo de 2017

Anton Rubinstein: Piano Concierto No 4


El pianista que sucedió a Liszt en la línea de lo grandioso se llamó Anton Grigorievich Rubinstein, un oso ruso de enormes manos que con su cabellera frondosa y frente amplia al estilo Beethoven encandiló a su público, especialmente a las damas, en la segunda mitad del siglo XIX. A los diecieséis años había tocado para Liszt pero el  maestro húngaro no lo tomó como alumno. Tal vez chocaron sus personalidades. Según se cuenta, Liszt lo despidió, pese a todo, con un buen consejo: "Un hombre de talento debe llegar a la meta que ambiciona gracias a su propio esfuerzo, sin ninguna ayuda". No se sabe de otro alumno brillante que el maestro haya rechazado.

Anton Rubinstein (1829 - 1894)
Nacido en 1829 en una villa al noroeste de Odessa, debutó a los nueve años. Muy pronto su profesor lo llevó a París donde deslumbró como niño prodigio (no era el único, los niños prodigios estuvieron de moda en los años cuarenta en toda Europa, según él mismo contará más tarde en su autobiografía). Más tarde fue Berlín, y luego, Viena. En 1872-73 realizó una gira por Estados Unidos, exitosa profesional y financieramente. Hacía diez años había participado en la fundación del Conservatorio de San Petersburgo, del que fue su primer director (su hermano menor, Nikolai, otro virtuoso del piano, fundará el de Moscú en 1866).

Legado
Al final de su vida, su repertorio, enorme, se vio debilitado pero aún así continuó con sus célebres "recitales históricos", en los que durante siete recitales cubría toda la historia de la música occidental. Como todo pianista profesional del siglo XIX, fue también un compositor prolífico. Su legado es extenso, aunque gran parte de éste se ha olvidado. Se cuentan veinte óperas, seis sinfonías. música de cámara e innumerables piezas para piano solo. De sus cinco conciertos para piano y orquesta, perdura uno solo, el Concierto en re menor, saludado todavía hoy, y parte integrante del repertorio habitual, al menos en Rusia.

Concierto para piano y orquesta No 4 en Re menor, opus 70
Quizá una pieza maestra del repertorio del siglo XIX, fue compuesta en 1864 y publicada dos años más tarde, junto con un arreglo para dos pianos. Y no es difícil entender el éxito del que gozó en su tiempo (lo que cuesta comprender es que lo haya perdido). Su escritura es colorida y a ratos deslumbrante. De gran atractivo melódico y armónico, muestra también una orquestación harto imaginativa. 

Movimientos
Los tres típicos de la época (aunque ya no lo eran tanto –amén de que el primer movimiento es "algo moderado", y no abiertamente rápido):
00:00  Moderato assai
11:31  Andante
22:18  Allegro

La versión es del pianista alemán Joseph Moog, acompañado de la agrupación alemana Staatsphilharmonie Rheinland-Pfalz Orchester, dirigida por el director australiano Nicholas Milton.



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viernes, 24 de marzo de 2017

Mozart: Concierto para piano No 17


Instalado Mozart en Viena en 1781 y casado al año siguiente, hubo de sostener la economía familiar con su talento de intérprete y compositor. Por esos años compuso, uno tras otro, conciertos para piano cuyo estreno se programaba para un par de semanas más tarde. Apenas finalizada la composición había que contratar una orquesta, alquilar un teatro (o algún local que se asemejase) y vender el concierto por suscripción. Organizado todo esto a la perfección, el día del estreno Wolfgang se sentaba al piano y dirigía. Esa era la regla general, pero hubo excepciones.


Conciertos a pedido
El Concierto No 17 en Sol mayor fue solicitado por una alumna; sus padres contrataron la orquesta y el estreno se realizó en casa, en un elegante suburbio de Viena, con la pupila al piano y Mozart en la dirección, convenientemente remunerado. No era la primera vez. Dos meses antes, el Concierto No 14 había inaugurado esta nueva forma de "comercialización", para los mismos interesados.
En la oportunidad del estreno del Concierto en Sol mayor, estuvo presente Giovanni Paisiello, invitado por Mozart para que escuchara a su alumna y apreciara su progreso. La velada terminó con maestro y pupila tocando juntos a cuatro manos.

Concierto para piano y orquesta No 17 en Sol mayor, K. 453
Gracias al catálogo de sus obras que Mozart comenzó a llevar en febrero de 1784, sabemos con certeza que la obra fue terminada el 12 de abril de ese año. Por esos días (exactamente el 27 de mayo) Wolfgang se compró una mascota, con alas, un pajarito, un estornino.
Señalado el estornino como un ave cantora con gran habilidad para la imitación, se dice que Mozart se decidió a su compra luego de comprobar que el pajarito era capaz de entonar el tema del tercer movimiento. El estornino lo hacía de maravillas, salvo que un sol natural lo cantaba siempre como sostenido.

Movimientos
Los tradicionales tres movimientos, en la secuencia habitual, rápido-lento-rápido:
00:00  Allegro  El movimiento inicial característico de Mozart: la orquesta presenta el material temático que luego será tomado por el piano, aportando nuevas ideas y variantes.
13:33  Andante  Diez minutos de elegancia mozartiana.
24:50  Allegretto - Finale: Presto  Tema con variaciones sobre el canto del estornino.

La versión es del brillante pianista húngaro Dezső Ránki, acompañado de la English Chamber Orchestra, dirigida por Jeffrey Tate.


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jueves, 23 de marzo de 2017

Schubert: Fantasía para piano "Wanderer"


Durante su corto ciclo de vida de apenas 31 años, Schubert escribió un total de 23 composiciones para piano que obedecen a la forma musical sonata, aunque solo doce de ellas fueron propiamente acabadas debido a la tendencia del pequeño Franz a la procastinación, es decir, a su propensión a dejar las cosas para más tarde, por una razón u otra. También escribió ocho "fantasías", de las cuales aquella popularmente llamada "Wanderer" (viajero, caminante) es, en nuestra opinión, una sonata más en toda regla, salvo por el nombre. Poco inclinado el maestro a la pirotecnia instrumental, es sin embargo, una de sus piezas para piano de mayor demanda técnica.


Compuesta en 1822, luego de su publicación la obra no gozó de gran reconocimiento, como fue lo habitual para el autor durante largo tiempo. Se sabe que los editores publicaban sus obras con alguna reticencia, bajo la modalidad "a comisión", harto exigua, por cierto. Por ello no sorprende el señalamiento de algunos estudiosos acerca de que Schubert haya dedicado la Fantasia a un pudiente alumno de Hummel con la velada intención de ser recompensado económicamente. Pese a todo, por la época el autor contaba con solo veintincinco años y disfrutaba de la vida en compañía de sus amigos músicos, poetas y pintores. Son los buenos años de las célebres "schubertiadas".

Fantasia para piano en Do mayor, opus 15, llamada "Wanderer" - Secciones:
Sus cuatro movimientos, o secciones, se tocan sin interrupción, iniciándose cada una de ellas con una variante del motivo primigenio, la frase inicial del lied "Der Wanderer", compuesto por Schubert siete años atrás, y de donde surge el apodo popular. Esta característica permite también concebir la obra como una sonata escrita bajo la forma de tema y variaciones.
00       Allegro con fuoco
06:32  Adagio
13:39  Presto
18:50  Allegro

La versión es del pianista rumano Herbert Schuch.


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martes, 21 de marzo de 2017

Schoenberg: Tres piezas para piano Op 11


En el curso de poco más de veinte años, Arnold Schoenberg, creador del dodecafonismo, compuso cinco conjuntos de piezas para piano solo, que reflejan su evolución desde un primer rompimiento con los cánones armónicos y melódicos que dominaban desde hacía 300 años, pasando por un retorno a una suerte de neoclasicismo, para finalmente abordar abiertamente la más rigurosa atonalidad en sus últimas obras para piano. Tres Piezas del opus 11 es el primer trabajo de ésta, su producción pianística, compuestas en 1909 y estrenadas en Viena al año siguiente.


El periodo previo a su creación fue embarazoso y desgraciado para el compositor. Como se sabe, Arnold Schoenberg también fue pintor (y destacado, por cierto), vocación que transcurrió casi paralela a la de músico. Por esos años conoció al pintor austriaco Richard Gerstl, a quien acogió en su casa para recibir de él lecciones de pintura. No fue buena idea. Gerstl y Mathilde, la mujer de Arnold, se enamoraron. Mathilde huyó con su pintor, pero regresó al poco tiempo. Arnold recobró el aliento, pero Gerstl no soportó el dolor y se mató.

Arnold Schoenberg (1874 - 1951),
retratado por Richard Gerstl (1883 - 1908)
Mathilde regresó en octubre de 1908. En febrero del año siguiente Schoenberg inició la composición de las Tres Piezas. Y por primera vez en la historia de la música, cada sonido o intervalo mostró aquí un valor singular e independiente, libre de las jerarquías del discurso tonal. No obstante el novedoso giro, para el propio Schoenberg no constituía más que el camino idóneo, obligado, en la evolución natural del lenguaje musical. Y así lo señaló expresamente, en noviembre de 1909:
"Estoy esforzándome por llegar a una meta que parece ser clara y siento ya la oposición que tendré que superar... No es falta de inventiva ni de capacidad técnica, ni de desconocimiento de las exigencias de la estética contemporánea lo que me ha llevado a esto... [simplemente] estoy siguiendo una compulsión interna que es más fuerte que la educación, más fuerte que mi formación artística..."
Tres piezas para piano Opus 11 
00       Pieza No 1  Mässige (moderato)
03:20  Pieza No 2  Mässige (moderato)
09:47  Pieza No 3  Bewegte (movido)

La versión, brillante, es de la pianista china Di Wu.



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domingo, 19 de marzo de 2017

Ignaz Moscheles: Piano concierto No 3


Ignaz Moscheles fue uno de aquellos pianistas virtuosos de la primera mitad del siglo XIX que compartieron audiencia y celebridad con los grandes maestros de la época, gozando en su momento de la misma consideración y fama que Chopin, o Liszt, o Mendelssohn. En ese sentido, visto desde la perspectiva de hoy, Moscheles compartió el destino de un Thalberg o Kalkbrenner, brillantes virtuosos cuya obra compositiva no tuvo el ímpetu o careció del genio de los creadores insignes.

Ignaz Moscheles (1794 - 1870), alrededor de 1815,
en la cúspide de su fama

Uno de los últimos grandes músicos de la escuela clásica, Moscheles es anterior a los grandes creadores ya nombrados (fue maestro de Mendelssohn cuando éste tenía catorce años). Nacido en Praga en 1794, pronto se instaló en Viena donde fue rival de Hummel por allá por 1816, y donde también conoció a Beethoven. Luego estuvo un tiempo en París, de pasada, porque en 1826 ya estaba establecido en Londres, haciendo de esta ciudad su sede desde donde arrancaba a sus frecuentes giras por Europa continental.

Fue un músico respetado por sus colegas y amado por su público. Compositor prolífico, cautivó a su audiencia con piezas diversas para piano donde no escasean las "fantasias" sobre temas de ópera, amén de un buen número de estudios, variaciones, sonatas y conciertos. Pero gran parte de esta obra fue cayendo en el olvido a medida que el siglo avanzaba. Una de las piezas que logró mantenerse por más tiempo en el repertorio (hasta 1900 todavía se interpretaba en público) fue su Concierto para piano No 3 en Sol menor, obra que Schumann tenía en gran estima.

No le faltaba razón a Schumann: no obstante su deuda con los modelos clásicos (Beethoven) el tercer concierto para piano de Moscheles (compuso ocho) presenta un colorido que anuncia a los grandes románticos, incluido su pupilo Mendelssohn. Compuesto alrededor de 1820, se habría escuchado en Varsovia por primera vez en 1826, brotado de las manos de un pianista de dieciséis años, Frédéric Chopin.

Movimientos
00       Allegro moderato
12:06  Adagio - atacca (es decir, el Allegro agitato ataca sin pausa)
16:44  Allegro agitato

La versión es del pianista alemán Michael Ponti, acompañado por la Orquesta Philharmonica Hungarica, conducida por el director alemán Othmar Maga.


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lunes, 27 de febrero de 2017

Chopin: Sonata No 3 en Si menor


El 21 de febrero de 1842 Chopin dio uno de sus últimos recitales, en París. En unión con otros músicos, como todavía era la costumbre: acompañó a un par de amigos, cantante una y el otro cellista, para finalizar con una selección de sus propias piezas. Le quedaban todavía siete años de vida pero su salud mostraba ya claros signos de irremisible deterioro. Dos años más tarde, con gran esfuerzo acompañó a su joven amigo, Georges Valentin Alkan, en la presentación de una versión para dos pianos y ocho manos de la Séptima Sinfonía de Beethoven.


Pero eran esfuerzos supremos. Y como es natural, también la producción de música había comenzado a disminuir. Solo anotemos que en 1848 escribió un puro vals (en Si mayor, sin número de opus). Tan solo una vez, con anterioridad, había tenido un año de creatividad tan escasa: 1844, cuando de su pluma surgió una pieza en solitario, su tercera y última sonata para piano. Ese año, para mayor desaliento, recibió la noticia de la muerte de su padre, en Varsovia. Para su consuelo, recibe la visita de su hermana Julia, invitada a pasar unos días en Nohant por cortesía de George Sand.

Sonata No 3 en Si menor, opus 58
Aunque como todos sabemos Chopin fue esencialmente un miniaturista, la escritura de sus vigorosas baladas o scherzos habrán desarrollado en él la habilidad necesaria para acometer cabalmente la producción de obras en un género considerado por lo general "mayor", como lo es la sonata para piano. Decimos esto porque hay quienes sostienen que unos de los acicates para la composición de su tercera sonata obedece a la necesidad de responder a alguna crítica que recibió la novedosa estructura de la sonata anterior, la célebre "Sonata Fúnebre".

De estructura similar a esta última (la marcha fúnebre ha sido reemplazada por un largo pleno de lirismo), son sus movimientos:
00        Allegro maestoso
09:40  Scherzo: Molto vivace
12:24  Largo
22:40  Finale: Presto non tanto; Agitato

La versión, estupenda, es de la pianista nacida en Singapur en 1994, Kate Liu, durante su participación en el Concurso Internacional Chopin 2015, en Varsovia.


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martes, 31 de enero de 2017

Schumann: Fantasía para piano / "Kreisleriana"


Solo cuatro días de abril de 1838 le tomó a Robert Schumann componer una de sus obras maestras para el piano. El autor tenía 28 años, estaba enamorado de Clara Wieck, y comenzaba a vivir el calvario por el que habrán de pasar, él y Clara, para lograr unirse en matrimonio, en 1840.
No obstante haber sido escrita pensando en Clara, y para ella, la obra está dedicada a Chopin, a quien Schumann admiraba sin remilgos. Pero, según se cuenta, a Chopin solo le gustó la primera página, la que contenía la dedicatoria. No obstante, devolverá la mano al año siguiente con la dedicatoria, algo desmayada, de la Balada No 2.


Por supuesto, habrá sorprendido a Chopin el título de la obra, "Kreisleriana" (así como todavía sorprende hoy). Y cómo no, si el mismísimo Robert Schumann señaló que solo sería comprensible para los alemanes. En efecto, está tomado de Johannes Kreisler, un excéntrico personaje de ficción que cruza la obra del poeta, músico y crítico musical alemán E.T.A. Hoffmann. Singular maestro de capilla, Kreisler es caracterizado como "un romántico que ha perdido el sentido de la realidad". En él se unen locura y ternura, descontrol y astucia, en un ámbito fantástico.

Son aspectos del personaje que Schumann trabajará musicalmente permutando lo fantástico y lo lírico, lo estrafalario y lo adorable, y convirtiendo esta alternancia de matices en las claves características de la obra.
Por demás subjetiva, y altamente virtuosa, Kreisleriana constituye uno de los puntos altos en la literatura pianística de Schumann. La componen ocho secciones, que alternan (como debía ser) movimientos lentos, bellos y serenos, con otros apremiantes y apasionados, alternancia que también exhibe cada sección en sí misma. Los tempi de cada uno de ellos los señaló Schumann originalmente en alemán. La obra completa dura aproximadamente media hora.

Secciones:
00       Ausserst bewegt (Agitatissimo)
02:48  Sehr innig und nicht zu rasch (Con molto expressione, non troppo presto)
10:10  Sehr aufgeregt (Molto agitato)
14:45  Sehr langsam (Lento assai)
18:34  Sehr lebhaft (Vivace assai)
22:15  Sehr langsam (Lento assai)
25:53  Sehr rasch (Molto presto)
28:06  Schnell und spielend (Vivace e scherzando)

Muy enigmáticamente, la pieza finaliza sin asomo de bravura en la parte baja del teclado.
La versión es de la extraordinaria pianista Yuja Wang, nacida en Pekín en 1987.


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lunes, 23 de enero de 2017

Foto inédita de Frédéric Chopin


Hace pocos días el Instituto Polaco de París informó al mundo entero del descubrimiento de una foto inédita de Chopin. La información la recogió el diario El País de España en su edición del 18 de enero de este año. Según ahí se señala, la fotografía fue descubierta en casa de un amigo de un gran conocedor de la figura del compositor polaco, el físico suizo, M. Alain Kohler. Junto a otro estudioso y músico, de Radio France Internationale, Kohler llevó a cabo una investigación que dio como resultado que se trataría de una reproducción fotográfica de un daguerrotipo, desconocido hasta ahora, del virtuoso polaco.


Comparado el hallazgo con los demás retratos del compositor —fotografías, pinturas, dibujos, esculturas—, no hay lugar para la duda: el físico, la expresión, las proporciones y hasta la ropa indican que se trata de Chopin. Sería el tercer retrato que se conoce del compositor. El primero, poco conocido, es de calidad mediocre (de ahí su impertinencia). El segundo es el universalmente reconocido, realizado en el estudio de Louis-Auguste Bisson, en París, alrededor de 1847, y que traemos a colación aquí, a fin de apoyar la idea.


El retrato recién descubierto es también del estudio de Bisson, y casualmente (quizá no tanto) también del año 1847. Es el año de la ruptura de Chopin con George Sand. Una ruptura sin dramatismos, cargada de prosaicos incidentes "de familia" que terminan por aplacar el entusiasmo de la mutua compañía (la "amistad exclusiva", en palabras de la Sand) que por nueve años alimentó a ambos. 

La producción del año 1847
Es una época en que Chopin compone poco, y cada vez menos. El año 1847 solo registra la obra póstuma 17 Cantos polacos, tres mazurkas, y los tres valses del Opus 64: el celebérrimo "vals del minuto", op 64-1; el elegante op 64-2; y el que cierra la serie, el No 3, dedicado a la condesa de Bronika, una de las "deliciosas marquesas", o "magníficas condesas", alumnas de Chopin sobre las que la Sand ironizaba, sin malicia, así llamándolas.
Con este sencillo vals, al que nada impide imaginar como trabajado el mismo día que Chopin se tomó la foto, saludamos desde esta página el portentoso hallazgo.

La versión es del pianista canadiense Charles Richard-Hamelin.



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lunes, 9 de enero de 2017

Tchaikovski: Sinfonía "Patética" - 4o Mov


Para 1893, año de composición y estreno de su sexta y última Sinfonía, hacía tres años que Tchaikovski había recibido la dolorosa carta de la señora von Meck anunciándole la ruptura de sus relaciones epistolares y, de paso, el fin de la generosa pensión con que lo asistió durante trece largos años sin pedir nada a cambio. Fue un severo golpe anímico, pero ya estaba recuperado. Una exitosa gira por EEUU en 1891 confirmó al maestro como una personalidad musical en la cumbre de la celebridad. Pero quizá, también, en la cúspide de su capacidad creadora. Había que componer una "gran sinfonía", y ahora.


Fiel a su severo sentido de la autocrítica el maestro desechó varios borradores (y más que eso) durante 1892. Al año siguiente, en carta del 22 de febrero a su sobrino Vladimir (recurrente destinatario) le cuenta de sus intentos frustrados pero, también, que tiene casi terminada una "sinfonía con programa" (que dedicará a Vladimir):
"Has de saber que he destruido una sinfonía casi completa... Yendo a París... me vino la idea de otra sinfonía con programa... El programa está saturado de experiencias personales, tanto que incluso mientras la estaba componiendo mentalmente durante el viaje he llorado mucho [...] No puedes imaginarte la felicidad que experimento al ver que para mí aún no se ha terminado la inspiración y que todavía soy capaz de hacer algo..."
La inspiración no se había terminado, efectivamente. La sinfonía "con programa" fue escrita entre febrero y agosto de 1893, y estrenada exitosamente con el maestro en la dirección el 28 de octubre de ese año, en San Petersburgo.

Sinfonía "patética"
Tchaikovski, el año de su muerte
 (1840 - 1893, nov. 6)
Luego del caluroso recibimiento, teniendo ante sus ojos la partitura impresa, Tchaikovski no se sintió conforme con su previamente acariciado título de "sinfonía con programa". Lo conversó con su hermano Modesto, quien sugirió como subtítulo la palabra rusa "pateticheski" que poco tiene que ver con nuestro sentido prosaico de lo "patético" (lúgubre, penoso) sino que en ruso apunta más bien a lo que conmueve, lo que enternece. Piotr Ilich agradeció la sugerencia de Modesto y encargó a su editor que lo cambiara. Pero a los pocos días cambió de idea, pidiendo que se titulara simplemente Sinfonía No 6. A la semana siguiente, Tchaikovski había muerto. El editor, algo confuso quizá, subtituló la obra de manera que todos entendieran: "Symphonie Pathétique", en francés. Así se la conoce hasta hoy.

Movimientos
La sinfonía No 6 en Si menor está integrada por cuatro movimientos, dispuestos en singular secuencia. Comienza con un adagio; y donde tradicionalmente va el movimiento lento el maestro se decidió por un singular "vals" en compás de 5/4; en lugar del scherzo (tercer movimiento) Tchaikovski escribió una airosa marcha; y como cuarto movimiento y final, dispuso un adagio de carácter algo fúnebre, decisión que se ha prestado para especular que con ello el maestro habría escrito su propio Réquiem.

La audición de la obra completa se extiende por cerca de cincuenta minutos. Se presenta aquí el cuarto movimiento (adagio lamentoso - andante) en versión de la Orquesta del Teatro alla Scala de Milán, dirigida por el maestro ruso Yuri Temirkanov.
Tchaikovski tenía en gran estima la obra. No estaba solo. Un biógrafo ha anotado, acerca de este último movimiento: "Si Tchaikovski no hubiese escrito más que estos veinticinco últimos compases, ello bastaría para ser considerado uno de los mayores compositores de nuestro tiempo".


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