miércoles, 26 de abril de 2017

John Field: Nocturno No 5


Compositor y pianista irlandés, John Field estaría hoy completamente olvidado si no fuera porque alrededor de 1800, después de probar diversas denominaciones (pastoral, serenata, o romanza), acertó con la palabra "nocturno" para designar un nuevo género pianístico del cual es, incuestionablemente, su creador. En tiempos en que la música para piano abundaba en sonatas, tema y variaciones, fantasías, rondós, o fugas, John Field desarrolló una "forma" que ponía el acento en la sensibilidad y la expresión antes que en el desarrollo temático. El resultado: unas miniaturas conmovedoras que pavimentaron la senda por la que transitarán generaciones de compositores románticos: Frédéric Chopin, su representante más destacado.


Nacido en Dublín en 1782, el joven Field hizo su debut a los nueve años. Al año siguiente, su familia se mudó a Londres. Allí, su padre violinista logró contactar al compositor y pianista virtuoso Muzio Clementi, quien por esos años se había orientado a la fabricación de pianos. Field permaneció bajo su alero por más de quince años, en la doble condición de pupilo como en la de "demostrador" de las bondades de los Pianos Clementi. La relación continuó hasta 1803, cuando luego de recalar ambos en San Petersburgo por viaje de negocios, Field decidió no regresar. Tal como en Londres en los años previos, en las más importantes ciudades rusas replicó su éxito como pianista y compositor. Convertido en un personaje algo extravagante, pasará en Rusia sus últimos años, disfrutando de su celebridad y de la holgura económica que ésta trajo consigo (de ahí la extravagancia).

John Field, alrededor de 1820
(1782 - 1837)
Desde luego que Field no compuso solo nocturnos. Su primer concierto para piano lo estrenó en 1799, cuando contaba dieciséis años. Le seguirán otros seis, más una buena cantidad de música para piano solo o en combinación con otros instrumentos. Pero hoy, solo sobrevive su serie de 18 nocturnos compuestos en un periodo de alrededor de 25 años, desde los tres primeros de 1812 hasta los dos últimos de 1836. La serie completa despliega lo que podría llamarse "el sello Field": simplicidad melódica y armónica, capaz, sin embargo, de sustentar contenido emocional. Ya lo hemos dicho, su música no sobrevivió a su muerte. Pese a ello, suponemos que Chopin le habrá quedado eternamente agradecido.

Nocturno No 5 en Si bemol mayor
Como acontece con la serie completa, es de carácter calmo y soñador. Una línea melódica de libre dibujo es acompañada por acordes arpegiados de la mano izquierda.
Los grandes virtuosos de hoy ya no tocan a Field, por más que hoy esté asegurado su legado como figura seminal del piano romántico. Parece no bastar.
La versión es de la niña pianista Tonya Lebedeva. Su ejecución, dicho sea de paso, nos permite apreciar una técnica pianística relativa a la calidad del sonido producido. El alumno debe pulsar la tecla y luego levantar el codo. Rubinstein, según recuerdo, hacía mofa de esta técnica, señalando que el sonido se produce al presionar la tecla, de modo que levantar luego el codo no tiene sentido alguno. En todo caso, con la pequeña pianista la técnica parece funcionar a la perfección. Su sonido es impecable.


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jueves, 20 de abril de 2017

Haydn: Concierto para trompeta


Anton Weidinger, trompetista de la orquesta de la corte de Viena a fines del siglo XVIII, no se sentía cómodo con el instrumento de aquel tiempo, que no era capaz, por ejemplo, de producir los sonidos de una escala cromática, aquella que incluye los semitonos. Ante limitación tan severa, dedicó unos buenos años a encontrar una solución, logrando en 1792 la invención de una trompeta provista de llaves que le permitía producir semitonos. El invento traía consigo cierto menoscabo en la calidad de su timbre pero el instrumento podía cantar melodiosamente, tanto como un clarinete, o una flauta.
Amigo de Joseph Haydn, solicitó Weidinger al viejo maestro austriaco la composición de un concierto con el cual probar su nuevo instrumento.


Por aquellos años Haydn había dejado de prestar servicios en los palacios de la familia Esterházy (con quienes permaneció 30 años). Y sus últimos afanes los dedicaba a la producción de grandes trabajos corales (el oratorio La Creación, entre ellos) antes que a la elaboración de piezas para instrumento solista. Pero se sintió intrigado por la solicitud de Weidinger y para el otoño de 1796 había terminado de componer el Concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol mayor, el único concierto que el maestro compuso para este instrumento, y a la vez, el primero escrito para una trompeta capaz de ejecutar cromatismos.

Escrupuloso instrumentista, el trompetista Weidinger dedicó cuatro años a practicar su invento con obras menores hasta que se sintió capaz de abordar la novedosa contribución al repertorio surgido del magín de Haydn. Así, el concierto para solista más célebre del maestro fue estrenado en el Burgtheater de Viena el 22 de marzo de 1800 con Weidinger a cargo de la trompeta, como era de prever. Se trató de un exitoso estreno, sin embargo, el manuscrito no se publicó nunca en vida del autor. Tampoco después. Desapareció durante décadas, hasta que fue redescubierto a fines del siglo XIX por un trompetista de la Orquesta Sinfónica de Chicago. (Su primera grabación data recién de 1938.)
Por su parte, la invención de Weidinger fue superada en época tan temprana como 1813, con la invención de la trompeta de tres pistones, germen de la actual en uso en las orquestas sinfónicas.

Movimientos
Espléndidamente orquestado, el concierto sirve en plenitud a las nuevas capacidades técnicas del instrumento, en sus tres movimientos: en el Allegro, con un nuevo stock de notas en el registro bajo; en el segundo movimiento, expone su potencial lírico y expresivo; el último, permite al solista exhibir toda su destreza con los nuevos efectos técnicos.
00:00  Allegro
06:41  Andante
09:48  Finale. Allegro

La versión, excelente, es del trompetista de jazz (y harto más, según se ve) Wynton Marsalis, muy joven, acompañado por la Boston Pops Orchestra conducida por el genial compositor de música para el cine, John Williams.


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jueves, 13 de abril de 2017

Mozart: Concierto para trompa, K. 447


La trompa, o corno francés, es uno de los instrumentos de viento que el niño Mozart escuchó más de una vez en casa, en Salzburgo, cuando Leopold se reunía con sus amigos para hacer música de cámara. Desde entonces le encantó su timbre, que junto a la flauta o el oboe, le resultaban más "pastorales" que el clavecín o incluso que los instrumentos de cuerda. Y desde aquella época, también, data su cercanía con Joseph Leutgeb, el "trompeta" (así se llamaba el tocador de trompa) más habilidoso de su tiempo, invitado fijo en las veladas que Leopold organizaba en su casa de la calle Getreidegasse.


A Leutgeb están dedicados los cuatro conciertos para trompa que Mozart compuso en Viena entre 1783 y 1791. El trompeta había abandonado su puesto en la orquesta de la corte de Salzburgo en 1771 para iniciar en Viena, a sus cuarenta años, un "emprendimiento" comercial, una tienda especializada en quesos y comestibles afines, según se cuenta, aunque sin renunciar del todo a la música. La aventura fue financiada parcialmente por Leopold mediante un préstamo que Leutgeb nunca pudo pagar, pese a los continuos recordatorios de la deuda que Mozart leía en las cartas que recibía de su padre. El trompeta había fracasado, irremisiblemente, pero Wolfgang estuvo allí para apoyarlo y regresarlo a la música.

La amistad y el cariño profesado eran grandes. Pero ello no quita que, en la vena que caracterizó al genio salzburgués desde niño, se burlara sanamente –si es posible así decirlo– del emprendedor fracasado. Sorprenden, por decir lo menos, las singulares invectivas en italiano que Mozart se permitió intercalar en las páginas autógrafas de los cuatro conciertos. Le llamó de mil maneras: seccatura di coglione, trillo di pecore, porco infame, son algunas de ellas. Leutgeb no lo tomó a mal. Comprendía que el hijo genial de su amigo Leopold se divertía con él, no a sus expensas.

Concierto para trompa No 3 en Mi bemol mayor, K. 447
Los cuatro conciertos para trompa (más un quinteto que compuso después para trompa y cuerdas - K. 407) son obras maestras para el instrumento, brillantes y sólidas, que enriquecieron la música para trompa, no muy abundante en la época. El concierto K. 447 en Mi bemol mayor es el tercero que Mozart compuso para Leutgeb. Sus partes solistas abundan en pasajes que son todo un desafío para el intérprete, más aún si se considera la precariedad del instrumento de la época.

Movimientos:
00:00  Allegro
08:10  Romanza. Larghetto
12:54  Allegro

La versión es del instrumentista checo Radek Baborák, acompañado por la Orquesta RTVE, conducida por el director francés de origen ruso, Jean Jacques Kantorow.


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viernes, 7 de abril de 2017

Stravinski: Petrushka - Tres Movimientos


Para un compositor ruso, temporalmente asentado en París en 1921 y enfrentado a los rigores de la posguerra, no era nada desdeñable la oferta de cinco mil francos por la composición de una obra para piano. Esa fue la suma que el virtuoso Arthur Rubinstein prometió a Igor Stravinski por una pieza de carácter ruso donde pudiera desplegar su grandiosa técnica.

Stravinski recordó los trozos que había hilvanado en 1911 para una pieza orquestal con participación destacada del piano, que había reorientado hacia un ballet a instancias del empresario ruso Sergei Diaghilev. Esos bosquejos y extractos del ballet terminaron por conformar la pieza para piano solo Tres Movimientos de Petrushka, diez años después del debut del exitoso ballet que tiene como protagonista a Petrushka, la marioneta que cobra vida, en la tradición rusa.

Rubinstein, el dedicatario de la obra, quedó altamente complacido con ella, interpretándola en numerosas ocasiones porque, desde luego, también tenía el propósito de dar a conocer la obra pianística del compositor ruso, a quien, hasta hoy, no logramos relacionar fácilmente con la escritura para piano no obstante haber sido Stravinski un pianista de enorme talento que, durante gran parte de su vida adulta consagró la mitad de cada año a dar conciertos y la otra mitad a la composición.

Y ya previo a la empresa que culmina con los Tres Movimientos, el futuro autor de La Consagración de la Primavera y de El Pájaro de Fuego, había sorprendido a los círculos musicales a sus veinte años con una sonata para piano, en 1903. Luego vendrán, en 1908, los Cuatro Estudios del opus 7 que ya muestran madurez y un lenguaje pianístico lleno de promesas. Pero la gran y nueva aportación al piano llegará en 1921 con esta "reducción" genial del ballet Petrushka, plagada de dificultades, y que pese a los cerca de cien años transcurridos desde su invención, se sitúa todavía hoy entre las obras más "espectaculares" del repertorio pianístico.

Tres movimientos de Petrushka
La obra es reconocida por sus enormes dificultades técnicas y musicales que, casi sin respiro, capturan sus tres movimientos con gran despliegue de polirritmia, extensos y rápidos saltos, velocísimas escalas, amén de glissandos y trémolos por doquier. Sus partes son:
00:00   No 1  Danza rusa
02:29   No 2  Con Petrushka
06:48   No 3  Semana de carnaval

La versión, deslumbrante, es de la extraordinaria pianista de origen chino, Yuja Wang.


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