martes, 31 de enero de 2017

Schumann: Fantasía para piano / "Kreisleriana"


Solo cuatro días de abril de 1838 le tomó a Robert Schumann componer una de sus obras maestras para el piano. El autor tenía 28 años, estaba enamorado de Clara Wieck, y comenzaba a vivir el calvario por el que habrán de pasar, él y Clara, para lograr unirse en matrimonio, en 1840.
No obstante haber sido escrita pensando en Clara, y para ella, la obra está dedicada a Chopin, a quien Schumann admiraba sin remilgos. Pero, según se cuenta, a Chopin solo le gustó la primera página, la que contenía la dedicatoria. No obstante, devolverá la mano al año siguiente con la dedicatoria, algo desmayada, de la Balada No 2.


Por supuesto, habrá sorprendido a Chopin el título de la obra, "Kreisleriana" (así como todavía sorprende hoy). Y cómo no, si el mismísimo Robert Schumann señaló que solo sería comprensible para los alemanes. En efecto, está tomado de Johannes Kreisler, un excéntrico personaje de ficción que cruza la obra del poeta, músico y crítico musical alemán E.T.A. Hoffmann. Singular maestro de capilla, Kreisler es caracterizado como "un romántico que ha perdido el sentido de la realidad". En él se unen locura y ternura, descontrol y astucia, en un ámbito fantástico.

Son aspectos del personaje que Schumann trabajará musicalmente permutando lo fantástico y lo lírico, lo estrafalario y lo adorable, y convirtiendo esta alternancia de matices en las claves características de la obra.
Por demás subjetiva, y altamente virtuosa, Kreisleriana constituye uno de los puntos altos en la literatura pianística de Schumann. La componen ocho secciones, que alternan (como debía ser) movimientos lentos, bellos y serenos, con otros apremiantes y apasionados, alternancia que también exhibe cada sección en sí misma. Los tempi de cada uno de ellos los señaló Schumann originalmente en alemán. La obra completa dura aproximadamente media hora.

Secciones:
00       Ausserst bewegt (Agitatissimo)
02:48  Sehr innig und nicht zu rasch (Con molto expressione, non troppo presto)
10:10  Sehr aufgeregt (Molto agitato)
14:45  Sehr langsam (Lento assai)
18:34  Sehr lebhaft (Vivace assai)
22:15  Sehr langsam (Lento assai)
25:53  Sehr rasch (Molto presto)
28:06  Schnell und spielend (Vivace e scherzando)

Muy enigmáticamente, la pieza finaliza sin asomo de bravura en la parte baja del teclado.
La versión es de la extraordinaria pianista Yuja Wang, nacida en Pekín en 1987.


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lunes, 23 de enero de 2017

Foto inédita de Frédéric Chopin


Hace pocos días el Instituto Polaco de París informó al mundo entero del descubrimiento de una foto inédita de Chopin. La información la recogió el diario El País de España en su edición del 18 de enero de este año. Según ahí se señala, la fotografía fue descubierta en casa de un amigo de un gran conocedor de la figura del compositor polaco, el físico suizo, M. Alain Kohler. Junto a otro estudioso y músico, de Radio France Internationale, Kohler llevó a cabo una investigación que dio como resultado que se trataría de una reproducción fotográfica de un daguerrotipo, desconocido hasta ahora, del virtuoso polaco.


Comparado el hallazgo con los demás retratos del compositor —fotografías, pinturas, dibujos, esculturas—, no hay lugar para la duda: el físico, la expresión, las proporciones y hasta la ropa indican que se trata de Chopin. Sería el tercer retrato que se conoce del compositor. El primero, poco conocido, es de calidad mediocre (de ahí su impertinencia). El segundo es el universalmente reconocido, realizado en el estudio de Louis-Auguste Bisson, en París, alrededor de 1847, y que traemos a colación aquí, a fin de apoyar la idea.


El retrato recién descubierto es también del estudio de Bisson, y casualmente (quizá no tanto) también del año 1847. Es el año de la ruptura de Chopin con George Sand. Una ruptura sin dramatismos, cargada de prosaicos incidentes "de familia" que terminan por aplacar el entusiasmo de la mutua compañía (la "amistad exclusiva", en palabras de la Sand) que por nueve años alimentó a ambos. 

La producción del año 1847
Es una época en que Chopin compone poco, y cada vez menos. El año 1847 solo registra la obra póstuma 17 Cantos polacos, tres mazurkas, y los tres valses del Opus 64: el celebérrimo "vals del minuto", op 64-1; el elegante op 64-2; y el que cierra la serie, el No 3, dedicado a la condesa de Bronika, una de las "deliciosas marquesas", o "magníficas condesas", alumnas de Chopin sobre las que la Sand ironizaba, sin malicia, así llamándolas.
Con este sencillo vals, al que nada impide imaginar como trabajado el mismo día que Chopin se tomó la foto, saludamos desde esta página el portentoso hallazgo.

La versión es del pianista canadiense Charles Richard-Hamelin.



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lunes, 9 de enero de 2017

Tchaikovski: Sinfonía "Patética" - 4o Mov


Para 1893, año de composición y estreno de su sexta y última Sinfonía, hacía tres años que Tchaikovski había recibido la dolorosa carta de la señora von Meck anunciándole la ruptura de sus relaciones epistolares y, de paso, el fin de la generosa pensión con que lo asistió durante trece largos años sin pedir nada a cambio. Fue un severo golpe anímico, pero ya estaba recuperado. Una exitosa gira por EEUU en 1891 confirmó al maestro como una personalidad musical en la cumbre de la celebridad. Pero quizá, también, en la cúspide de su capacidad creadora. Había que componer una "gran sinfonía", y ahora.


Fiel a su severo sentido de la autocrítica el maestro desechó varios borradores (y más que eso) durante 1892. Al año siguiente, en carta del 22 de febrero a su sobrino Vladimir (recurrente destinatario) le cuenta de sus intentos frustrados pero, también, que tiene casi terminada una "sinfonía con programa" (que dedicará a Vladimir):
"Has de saber que he destruido una sinfonía casi completa... Yendo a París... me vino la idea de otra sinfonía con programa... El programa está saturado de experiencias personales, tanto que incluso mientras la estaba componiendo mentalmente durante el viaje he llorado mucho [...] No puedes imaginarte la felicidad que experimento al ver que para mí aún no se ha terminado la inspiración y que todavía soy capaz de hacer algo..."
La inspiración no se había terminado, efectivamente. La sinfonía "con programa" fue escrita entre febrero y agosto de 1893, y estrenada exitosamente con el maestro en la dirección el 28 de octubre de ese año, en San Petersburgo.

Sinfonía "patética"
Tchaikovski, el año de su muerte
 (1840 - 1893, nov. 6)
Luego del caluroso recibimiento, teniendo ante sus ojos la partitura impresa, Tchaikovski no se sintió conforme con su previamente acariciado título de "sinfonía con programa". Lo conversó con su hermano Modesto, quien sugirió como subtítulo la palabra rusa "pateticheski" que poco tiene que ver con nuestro sentido prosaico de lo "patético" (lúgubre, penoso) sino que en ruso apunta más bien a lo que conmueve, lo que enternece. Piotr Ilich agradeció la sugerencia de Modesto y encargó a su editor que lo cambiara. Pero a los pocos días cambió de idea, pidiendo que se titulara simplemente Sinfonía No 6. A la semana siguiente, Tchaikovski había muerto. El editor, algo confuso quizá, subtituló la obra de manera que todos entendieran: "Symphonie Pathétique", en francés. Así se la conoce hasta hoy.

Movimientos
La sinfonía No 6 en Si menor está integrada por cuatro movimientos, dispuestos en singular secuencia. Comienza con un adagio; y donde tradicionalmente va el movimiento lento el maestro se decidió por un singular "vals" en compás de 5/4; en lugar del scherzo (tercer movimiento) Tchaikovski escribió una airosa marcha; y como cuarto movimiento y final, dispuso un adagio de carácter algo fúnebre, decisión que se ha prestado para especular que con ello el maestro habría escrito su propio Réquiem.

La audición de la obra completa se extiende por cerca de cincuenta minutos. Se presenta aquí el cuarto movimiento (adagio lamentoso - andante) en versión de la Orquesta del Teatro alla Scala de Milán, dirigida por el maestro ruso Yuri Temirkanov.
Tchaikovski tenía en gran estima la obra. No estaba solo. Un biógrafo ha anotado, acerca de este último movimiento: "Si Tchaikovski no hubiese escrito más que estos veinticinco últimos compases, ello bastaría para ser considerado uno de los mayores compositores de nuestro tiempo".


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