domingo, 28 de mayo de 2017

Liszt: Estudio Trascendental No 12


Ya hemos dicho que los estudios de Liszt conocidos hoy como Estudios de Ejecución Trascendente le tomaron al autor un buen número de años para su acabado término. La primera simiente data de cuando el autor tenía quince años, y ya tenía alumnos, en París. Diez años después, el autor revisó los doce estudios originales procediendo a intensificar las dificultades técnicas puesto que a esa altura estaba considerado él mismo como un virtuoso del piano. La versión definitiva se publicará en 1852 bajo el título Études d'Exécution Trascendante, dedicados a Karl Czérny, su maestro.


Así, sumó Liszt su aporte a la usanza corriente de escribir obras para piano destinadas a la práctica y perfeccionamiento de las habilidades técnicas en el instrumento. La más prominente contribución en la tradición hasta ese momento eran los Estudios de Chopin, en dos series, los opus 10 y 25, el primero de ellos dedicado precisamente a Franz Liszt. Pero a diferencia del compositor polaco, en los Estudios de Liszt no asoma de forma tan clara su intención didáctica. No parecen hechos para la práctica de tal o cual dificultad técnica concreta, sino más bien construidos como un desafío para el intérprete ya más o menos avezado.

Así, por ejemplo, es opinión generalizada que para abordar el Estudio No 4, Mazeppa, hay que contar previamente con la técnica que permite tocar "dobles terceras" con soltura. En cambio, con los Estudios de Chopin, puede darse perfectamente la situación en que un pianista, digamos, de mano izquierda tímida, decida afanarse algún tiempo con la preparación del Estudio Revolucionario precisamente para transformar esa "timidez" en gallardía.

Estudio No 12 en Si bemol menor, "Chasse-neige"
Los doce Estudios son más bien heterogéneos en su concepción. Los hay de "música pura" así como "programáticos". A esta última categoría pertenece el último de la serie, aquel que Liszt denominó "Chasse-neige". ("Puros" o "programáticos", todos llevan títulos evocativos o descriptivos salvo el No 2 y el No 10). Es uno de los cinco que presentan las mayores dificultades técnicas de toda la serie. El título alude a una suerte de "tormenta de nieve" aunque la música en sí misma es bastante más tempestuosa de lo que, según me cuentan, puede sugerir una tormenta de nieve común y corriente.

La versión es de la pianista ucraniana Valentina Lisitsa.


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domingo, 21 de mayo de 2017

Manuel M. Ponce: "Concierto del Sur"


En la década de 1920, los trabajos del compositor mexicano Manuel M. Ponce eran ampliamente conocidos en los países latinoamericanos, y su renombre crecía año a año. Sin embargo, luego de dirigir por un par de temporadas a la Orquesta Sinfónica Nacional, estimó que su estilo de composición requería lo que hoy llamaríamos un "up grade". Por esa razón, en 1925, se largó nuevamente a Europa (había estado en Berlín a principios de siglo), instalándose esta vez en París donde permaneció por ocho años perfeccionando sus conocimientos bajo la guía de Paul Dukas. A su regreso a México, el maestro combinaba con maestría el impresionismo francés con las técnicas contrapuntísticas del neo-clasicismo.


Gira por Latinoamérica
En tal condición, de maestro de reconocido prestigio en plena madurez creativa, el compositor apuntó en 1941 a Latinoamérica, luego de recibir una invitación de su amigo Andrés Segovia, quien, desde 1936 se había establecido en Montevideo. Entre agosto y diciembre de ese año el maestro realizó una gira por Montevideo, Buenos Aires y Santiago de Chile. Era la primera vez que en esas capitales se escuchaba música sinfónica mexicana en sus escenarios. Cuatro conciertos presentó el autor con un buen número de obras orquestales propias dirigidas por él mismo. Pero el foco principal estaba puesto en el estreno, mundial, del Concierto del Sur para guitarra y orquesta, dedicado, como tantas otras obras, al virtuoso de la guitarra español.

Concierto del Sur
Manuel M. Ponce (1882 - 1948)
El concierto tuvo una elaboración algo trajinada. Segovia y Ponce se habían conocido en 1923, iniciando desde entonces una sólida amistad y colaboración. Según cuenta Segovia, ya en la primavera de 1926 el maestro Ponce había comenzado a trabajar en la gestación de los temas principales del concierto pero los avatares de la vida de ambos fueron posponiendo su concreción definitiva. Fue a raíz de una presentación de Segovia en México –donde Ponce dirigió al virtuoso en el concierto de Castelnuovo-Tedesco– que el compositor decidió retomar con nuevos ímpetus el trabajo largo tiempo pospuesto, dándolo por finalizado en el otoño de 1941.

El estreno
Se realizó en Montevideo el 4 de octubre de 1941 con Segovia en la guitarra, como era de esperarse. El programa incluía otras obras del maestro Ponce, las que fueron dirigidas por él, pero para el Concierto dejó la batuta en manos del maestro uruguayo titular de la orquesta acompañante, y se fue a ubicar en el "palco de Paquita [esposa de Segovia] a escuchar mi concierto". Una ovación delirante saludó la première mundial. Ponce y Segovia hubieron de salir numerosas veces a recibir el aplauso del público obligando a los músicos a repetir el final del Concierto. Al día siguiente, una publicación montevideana señaló que "el éxito alcanzado ayer por el maestro Manuel Ponce perdurará por mucho tiempo en estas tierras del Plata".

Movimientos
Estructurado en tres movimientos, el concierto trasluce una apreciable influencia de la música del sur de España (de ahí su título), principalmente en los movimientos segundo (influencia andaluza) y tercero (de especial estilo sevillano).

00:00  Allegro Moderato
13:58  Andante
21:17  Allegro Moderato e Festivo

La versión es del artista polaco Marcin Dylla, acompañado de la Taipei Symphony Orchestra dirigida por Chun-ching Chiu.


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sábado, 13 de mayo de 2017

Vivaldi: Concierto para mandolina


Sabido es que Vivaldi se benefició de la abundante presencia de diestras chicas que tocaban el violín en el Ospedale della Pietá, en Venecia, donde a partir de 1703 dio clases de canto y violín por cerca de 36 años, aunque con reiteradas y a veces prolongadas ausencias. Para ellas, sus alumnas, compuso más de doscientas obras para violín. Pero si se trataba de buscar intérpretes de algún otro instrumento solista, la oferta era más limitada. Mucho más todavía si los intérpretes requeridos lo eran de mandolina, instrumento creado, y extendida su construcción, recién en la Italia del siglo XVII.


Por esta razón, quizá, il prette rosso escribió solo dos obras que contemplan mandolina. Una, escrita para dos mandolinas, cuerdas y continuo en Sol mayor. La otra, aquella que ha concitado el mayor favor de los intérpretes, el Concierto para mandolina y cuerdas en Do mayor. (Debe ser más sencillo encontrar un mandolinista que dos, aventuro). Su fecha de composición se sitúa alrededor de 1725, un año muy fértil y provechoso para el maestro, próximo a cumplir cincuenta años. Entre otras creaciones de la época, sobresale espléndidamente ese año la composición de las celebérrimas Cuatro Estaciones.

Concierto para mandolina, cuerdas y continuo, RV 425 (*)
Aunque la parte solista no es extraordinariamente exigente, su cuidada armazón revela que el maestro Vivaldi se manejaba tan bien con el lenguaje "mandolinístico" (discúlpese la expresión) como lo hizo con sus cientos de obras para violín, instrumento del que sí fue intérprete, y muy notable.
La popularidad de la obra se vio favorecida en nuestros tiempos por la inclusión de sus dos primeros movimientos en la banda sonora de la película de 1979, Kramer vs. Kramer. La película incluye asimismo pasajes del concierto en Sol, con similares frutos.
(*) RV: Ryom Verzeichnis, Catálogo Ryom, compilación de las obras de Vivaldi publicada en 1973 por el musicólogo danés Peter Ryom.

Movimientos:
Estructurado en la típica secuencia rápido-lento-rápido que hará furor durante los próximos ciento cincuenta años, son sus partes:
00:00  Allegro
03:00  Largo
05:29  Allegro

La versión es del intérprete israelí Avi Avital, acompañado de la agrupación Orquesta Barroca de Venecia.


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jueves, 11 de mayo de 2017

Julius Fučík: "Entrada de los Gladiadores"


El compositor checo Julius Fučík es hoy casi un desconocido, incluso para aquellas personas que muestran una cultura musical media, entre las que, con audacia, me cuento. Pero a la vez, resulta impensable que su obra de mayor renombre no haya sido escuchada alguna vez por cualquier mortal en esta parte del mundo, en Occidente, digo. Sobre todo, si el cándido auditor vivió una infancia convenientemente placentera, y acudió en más de una ocasión a presenciar las cabriolas, piruetas, acrobacias y payasadas de los integrantes del circo que realizaba una tournée por su pueblo, o su barrio.


Julius Fučík es el autor, efectivamente, de la popularísima marcha militar Entrada de los gladiadores, que en su catálogo ocupa el opus 68, aunque nadie la recuerde por ese nombre ni menos la identifique con su número de opus. Fue compuesta en 1897, mientras el autor se desempeñaba como director de la banda militar del 86° Regimiento Austro-Húngaro, con asiento en Budapest. El título responde a la afición del autor por el Imperio Romano y su época.

Julius Fučík (1872 - 1916)
Nacido en Praga en 1872, Fučík estudió violín y fagot en el Conservatorio de Praga, donde tuvo como profesor de composición a Antonin Dvorak. Autor de casi trescientas marchas (incluida la menos conocida pero brillante Florentine March), también escribió música de cámara y música sacra, incluido un Requiem.
Pero su vida profesional la desarrolló en el campo de la dirección de bandas militares, si bien como compositor logró un justo reconocimiento cuando despuntaba el siglo XX. Víctima de un cáncer, el compositor murió prematuramente a los 44 años.

La inolvidable pieza es hoy escuchada también, de cuando en cuando, en "paradas", o desfiles militares (especialmente en EEUU). Pero su sempiterno recuerdo nos viene de su ejecución, con vientos y metales, en los circos, principalmente para anunciar la entrada de los payasos, ocasión en que se acostumbra tocarla mucho más rápido. Sin embargo, seamos justos con Fučík y anotemos que la perenne marcha también se escucha en salas de concierto, aunque a veces se le sume un detalle pretendidamente cómico.

En arreglo de Clark McAlister, y con Carlos González en la dirección, la versión es de la banda Wind Ensamble Spring Concerts, de una escuela secundaria de Virginia, EEUU.


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lunes, 8 de mayo de 2017

Boccherini: Quinteto para guitarra y cuerdas No 4, "Fandango"


Sorprendentemente, Luigi Boccherini (1743 - 1805) practicó y disfrutó de una suerte de globalización en estado larvario cuando, alrededor de 1790 e instalado en Madrid, comenzó a escribir música para el príncipe Federico Guillermo de Prusia quien, como es de suponer, estaba en Berlín. Allá debía hacer llegar Boccherini la música de cámara que el príncipe le solicitaba. Melómano de vasta cultura, y cellista como Boccherini, el príncipe estaba al tanto de las penurias que aquejaban al compositor luego de la muerte de su protector el infante Don Luis, y había decidido dar su apoyo al músico aunque ello significara recibir con retraso en Berlín las obras compuestas por Boccherini en Madrid.

Más tarde, el príncipe se hará rey y se convertirá en Federico Guillermo II de Prusia. Pero habrá de morirse en 1797 y con ello se acabará el contrato de música a pedido. El maestro, por su lado, perderá a su mujer (su segunda esposa) y tres hijas. No obstante continuar componiendo para una noble familia madrileña, y recibir cierta asistencia del embajador francés en España, hermano de Napoleón, la vida comenzó a ponerse cuesta arriba para el maestro italiano.

Pero Boccherini aguzará el ingenio y, consciente de la débil disposición del público madrileño hacia las sutilezas de cuartetos y quintetos de cuerdas, al final de sus días se abocará a la transcripción para guitarra y cuerdas de un buen número de obras anteriores, principalmente sus quintetos para cuerdas, o quintetos con piano. Es el origen de su serie de doce obras para guitarra y cuerdas, de las que hoy solo se conservan nueve. Aun así, constituyen la serie más extensa dedicada a la guitarra en conjunto con otros instrumentos. La necesidad hizo el milagro.

Quinteto para guitarra y cuerdas No 4 en Re mayor, "Fandango"
Compuesto en 1798, está construido a partir de dos quintetos de cuerdas bastante anteriores, uno de 1788 y otro que ya cumplía casi treinta años, de 1771 (misma fecha del quinteto que contiene el célebre "minueto de Boccherini"). La guitarra ha tomado aquí el papel de una de las violas. El tercer movimiento incluye un fandango, y de ahí su nombre popular.

Movimientos:
00:00  Pastorale  Una delicada y suave melodía fluye mientras la guitarra acompaña susurrando.
04:20  Allegro maestoso  El cello toma la iniciativa (era el instrumento de Luigi); la guitarra en un rol algo secundario.
10:48  Grave assai - Fandango  Después de una introducción reservada y juiciosa, comienza la danza española cuyo ritmo no decae mientras los instrumentos toman la melodía, uno tras otro.

La versión está a cargo de la artista Maria Efstathiou, acompañada por miembros de la orquesta suiza Lucerne Symphony Orchestra, identificados debidamente en el video.


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sábado, 6 de mayo de 2017

Bruckner: Sinfonía No 8 - Mov. 4: Finale


Anton Bruckner escribió sus ocho sinfonías (más tres movimientos de una novena) en un momento de la historia de la música en que la medida del "genio" romántico parecía descansar en la extensión de sus obras, fundamentalmente las del género sinfónico. A las brevísimas "sinfonías" del modelo original italiano (4 o 5 minutos), pasando por los 15, o 20, o 30 min –según la época– de Mozart o Haydn, hasta los 55 de la Novena de Beethoven, le siguieron las monumentales obras de Berlioz (Sinfonía Fantástica, 1830, casi una hora), Liszt ("Fausto", 1857, cerca de dos horas), y la No 8 de Bruckner, de 1892, que puede llegar a la hora y media. (En el nuevo siglo, en 1902, Mahler igualará a Bruckner, con su Tercera Sinfonía).


Son los hitos del romanticismo sinfónico, temprano, medio y tardío, como puede apreciarse. Anton Bruckner entre ellos. Sin embargo, sus cuarenta años de actividad creativa no permitían presagiar que pudiera ser parte de la lista. El reconocimiento, de público y crítica, encontrará a Bruckner cumpliendo sesenta años, en 1884, luego del estreno de su Séptima Sinfonía, un exitazo.
Una personalidad sencilla, Bruckner nació en el pueblo de Ansfelden, Austria, en septiembre de 1824. Pasó sus primeros años de carrera como organista en Linz, y logró ser admitido en el Conservatorio de Viena recién en 1861. Siete años después, sin embargo, accedió allí a un puesto como profesor de órgano y contrapunto.

Anton Bruckner, al fin reconocido
(1824 - 1896)
El reconocimiento fue tardío, qué duda cabe. Su toma de posición "pro wagneriana" en el traído y llevado dilema Wagner - anti Wagner de la época, le había traído detractores, pero no es menos cierto que al compositor le aquejaba una baja autoestima que se vuelve manifiesta si apuntamos al desconcertante número de revisiones a que sometió gran parte de su obra. Escribir y reescribir se convirtió en una manía que el autor llevó al extremo con la Octava Sinfonía, al punto de que hoy existen al menos tres versiones de la obra, las tres, igualmente genuinas, si cabe el término.

Pero el estreno, en Viena, 1892, fue espectacular. Tanto o más del que se vio con ocasión de la Séptima, aquella que significó la consagración. Tal proeza obligó al irritante crítico de la época Eduard Hanslick a escribir, aunque con reparos, que "la galería agitaba pañuelos, pidiendo la vuelta al escenario. Un triunfo indesmentible para Bruckner, pero es dudoso si Richter [el director] dejó conforme a su público: el programa parece haber sido presentado solo para una minoría ruidosa". Por otro lado, el compositor Hugo Wolf llamó a la sinfonía: "la creación de un gigante, que supera en dimensión espiritual y magnitud a todas las demás sinfonías del maestro". No le faltaba razón a Jean Sibelius cuando, alrededor de 1905, recomendó no prestar atención a lo que los críticos dicen, porque "nunca se ha levantado una estatua a un crítico".

Sinfonía No 8, en Do menor - Mov 4: Finale
Los noventa minutos enhebran cuatro movimientos: 1. Allegro moderato  2. Scherzo. Allegro moderato - Trio  3. Adagio  4. Finale. Su gran extensión sobrepasa la buena disposición de un melómano para escuchar música en un sencillo blog, creemos. Por ello hemos optado por ofrecer aquí solo su movimiento más admirable, el que muestra la mayor grandeza, el Finale, cuya coda en Do mayor, por lo demás, revisita los temas iniciales de los cuatro movimientos.

La versión es de la NDR Sinfonierchester conducida por el ya fallecido director alemán Günter Wand.


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miércoles, 3 de mayo de 2017

Mozart: Concierto No 9, "Jeunehomme"


Los primeros intentos de Mozart en la composición de conciertos para teclado se remontan a 1767, cuando el maestro contaba once años. Desde luego, el pequeño compositor avanzaba a tientas, y así lo muestra el hecho de que sus primeros empeños exhiben sin recato el sello del "pastiche", forma habitual en la época de crear música, sin asomo de connotación negativa que, en pocas palabras, consistía en tomar alguna sonata de cualquier otro compositor (Mozart lo hizo notablemente con las de Johann Christian Bach) y agregarles un escrupuloso y conveniente acompañamiento orquestal.


Mozart "maduro"
El primer concierto por entero original es el No 5, de fecha "tan tardía" como 1773 (con la expresión entrecomillas queremos resaltar la diferencia con el corpus sinfónico, pues a esa altura el joven maestro ya había compuesto cerca de 30 sinfonías). Cuatro años más tarde verá la luz el primero de los conciertos considerados "de madurez" por los estudiosos: el Concierto No 9 en Mi bemol, compuesto en Salzburgo en enero de 1777, fecha en que Mozart celebraba sus veintiún años, justo cuando por obra de su genio alcanzaba la mayoría de edad como compositor.

"Jeunehomme"
Durante un largo periodo el Concierto No 9 fue conocido como Jeunehomme, pues eso parecía leerse en el manuscrito como dedicatoria. Se trataría de una joven pianista francesa así apellidada que alguna vez visitó Salzburgo y conoció a Mozart. El equívoco duró años. Recién en 2004 el musicólogo Michael Lorenz, erudito en Mozart, demostró que el nombre verdadero correspondía a Victoire Jenamy, hija de un artista amigo de Mozart. El compositor había conocido a Victoire en su viaje a Viena de 1773, cuando en compañía de Leopold buscaba afanosamente otra corte, más glamorosa que Salzburgo.

Concierto para piano No 9 en mi bemol mayor, K. 271
Es el primero de sus conciertos que va a publicarse, en París, alrededor de 1780. Mozart lo tenía en gran estima, y lo llevó con él en su travesía por Mannheim y París en 1777-78, con el propósito de mostrar sus habilidades y competencias en el género como compositor e intérprete.
Sus movimientos son los típicos tres "vivaldianos", pero su extensión ya presagia a aquella propia de las obras románticas.

Movimientos:
00:00  Allegro
11:56  Andantino
23:45  Rondeau: Presto - Menuetto: Cantabile - tempo primo
          (Preguntaréis ¿por qué tanto detalle en la indicación de tempo? Aquí va la razón: El movimiento es un rondó, una de cuyas repeticiones o variantes es un minueto (28:21); el tempo inicial del rondó es presto; el minueto, en cambio, es cantabile; acabado el minueto se retomará el tempo primo, es decir, aquel del inicio del rondó).

La versión es de la virtuosa portuguesa Maria João Pires, acompañada por la Filarmónica de Berlín bajo la conducción del maestro británico Trevor Pinnock.


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lunes, 1 de mayo de 2017

Chopin: Polonesa "trágica", opus 44


Pese a que todo el mundo escribió polonesas (las hay de Telemann, Mozart y Schubert, y continuarán la senda Mussorgski y Tchaikovski) las más célebres y destacadas se deben a la inspiración de Chopin. Parte importante de la vida del compositor polaco fue ocupada por la creación de obras en la forma polonesa. La primera fue escrita a los siete años; la última, en 1846, tres años antes de su muerte. La que hoy nos ocupa fue escrita en 1840 y publicada en París al año siguiente. Alguna vez fue llamada "polonesa trágica" pero ya no parece necesario tan calamitoso epíteto. A fin de cuentas, se trata de una danza. Por añadidura, el año 1841 había iniciado para Chopin una de sus más fructíferas y provechosas épocas.


A pesar de su nombre, es una pieza "compuesta", es decir, mixta, pues del modo más imprevisto Chopin inserta un tempo di mazurka en el mero centro de la pieza. Su amigo Liszt se verá gratamente sorprendido por tal ocurrencia y así lo señalará en una reseña de su audición en París. En su habitual estilo florido, anotará que: "... En las páginas de los mayores compositores no hemos visto nada análogo a la impresión producida por este pasaje, interrumpido bruscamente por una escena campestre, por una mazurca de un estilo idílico, que tiene la fragancia de la menta y del orégano".

La obra está dedicada a la menor de las hermanas Komar, prominentes damas de la comunidad polaca emigrada a París, y entusiastas amigas del arte en todas sus formas. Para la época, sin embargo, las hermanas ya no se apellidan así. Ludmila, dedicatée de la Polonesa, es ahora la princesa Ludmila de Beauvau pues ha casado recién con Charles-Just de Beauvau-Craon. Su hermana Delfina, aunque divorciada de su conde Potocki, será todavía reconocida como Delfina Potocka. Para ella también habrá una atención (es su alumna): Chopin le dedicará en 1847 su popular "Vals del Minuto".

Polonesa en Fa sostenido menor, opus 44
Tres claras secciones, precedidas por un encendido crescendo, se distinguen en la organización de la pieza:
00:20  La polonesa propiamente tal, marcial, altiva, provocadora.
03:00  Un largo episodio en triples corcheas, que parece simular un redoble de tambores.
04:35  En el centro, la imprevista mazurka, insertada por Chopin en el corazón de un trozo vehemente. Gracias a su genio, este intermedio conducirá a la reanudación de la introducción (7:50) y del primer tema rítmico (8:01).
En palabras de Liszt, la pieza termina "con un sombrío murmullo que deja el alma atrapada en un manto de desconsuelo". De allí, tal vez, la connotación trágica que se comentó al inicio.

La versión, impecable, es del pianista canadiense Charles Richard-Hamelin.


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